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sábado, 14 de diciembre de 2019

¿Fortaleza o castillo?

Imagen 1. San Julián desde la ladera Norte. Núñez Sánchez.

Desde el comienzo de las andaduras de este blog ha sido objeto de seria duda por mi parte la denominación del San Julián como castillo. La respuesta podría ser sencilla: es una fortaleza, simplemente por sus características estéticas. Sin embargo, oficial e históricamente se le ha considerado como castillo. Ya hemos visto que incluso antes de construirse el definitivo San Julián en la segunda mitad del siglo XIX, se denominada a esta zona como “castillo de San Julián” lo que nos da aún más dudas sobre esta nomenclatura. Ahora que hemos visto su construcción y una parte importante de su historia creo que es el momento de intentar solucionar definitivamente esta duda. Para ello vamos a ver las definiciones de castillo y de fortaleza, para esclarecer un poco el tema:

¿Cuál es la denominación de “castillo”?

  • Según DefinicionABC ➨ Se conoce como castillo a un tipo de construcción de gran porte que se popularizó en la Edad Media y que perduraría en los períodos siguientes en Europa como muestra de poder y riqueza de los nobles que los construían. 

  • Según la RAE ➨ Lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones. 

  • Desde el Diccionario del Español Jurídico de la RAE se nos da una definición más completa ➨ Lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, fosos y otras fortificaciones que por su valor pintoresco, histórico o literario, aun cuando este en estado de ruina, queda bajo la protección del Estado para impedir toda intervención que altere su carácter o pueda provocar su derrumbamiento. 


Imagen 2. Castillo de Coca en Segovia. Balsas García.


¿Y la definición de fortaleza?

  • Según DefinicionABC ➨ En el ámbito de la arquitectura, una fortaleza es aquel recinto fortificado, especialmente construido para soportar invasiones y ataques del exterior. […] Por tanto, la importancia que han ostentado ha sido muchísima, ya que muchas veces de ellas dependía que una comarca o una nación no cayesen en manos de otra. […] En tanto, la construcción de estas fortalezas tenía como misión resguardar ciertos lugares de relevancia y asimismo proteger en su interior a las autoridades .
  • Según la RAE ➨ Recinto fortificado, como un castillo, una ciudadela, etc.

  • En el Diccionario de Español Jurídico no existe definición para Fortaleza.


Desde todas estas definiciones entendemos que los castillos, como los entendemos en nuestra imaginación, fueron una construcción perteneciente históricamente a la Edad Media, y que sirve como símbolo de poder de una élite dominante. Esto no impide que se construyan fuera de ese periodo, ni que no se hayan podido conservar posteriormente. A su vez, el castillo actúa como un “lugar fuerte” según la RAE, estando cercado por murallas y delimitado por un foso. Además, en la actualidad queda protegido de una forma u otra por el Estado debido a su valor cultural.

Por otro lado, entendemos como Fortaleza un recinto fortificado, construido con el fin único de defender un territorio desde un punto beneficioso para el defensor. Por lo tanto, su caída representa un duro golpe a la defensa de la plaza fuerte o territorio encontrado bajo ofensiva enemiga. La fortaleza además es un tipo de construcción que se mantiene durante todas las épocas, pudiendo decir que sólo en el momento actual están en decadencia.

Imagen 3. Fortaleza de Santa Teresa en Uruguay, construida por la
Corona Española en la segunda mitad del siglo XVIII. Kleidas.

Y el San Julián ¿Cómo lo podemos definir?

Esta construcción es sin duda un recinto fortificado, delimitado con un foso protector. Fue construida para garantizar la defensa del flanco Oriental de la Bahía de Cartagena, así como la propia entrada a esta. Tarea para la cual disponía de cañones apuntando en todas direcciones. Dispone esta construcción de cinco baluartes de estilos arquitectónicos distintos, unidos entre ellos por cortinas. Estas en su interior albergan salas para la estancia y provecho de soldados y todo el personal militar o civil que por los motivos que fueren, se encontraran dentro de sus muros.

Se encuentra en una zona estratégica por el control territorial y las dificultades que el terreno impone a un posible invasor de la ciudad. Su construcción, iniciada en la década de 1860, se llevó a cabo por el Gobierno de España, motivado por el Gobierno Militar de Cartagena a través del Informe Medina de 1860 que recogía testimonios e investigaciones de diversos ingenieros militares.

Imagen 4. Interior del San Julián.

De esta forma vemos que el San Julián cumple con requisitos de las dos opciones, aunque es cierto que cumple con todos los requisitos de una fortaleza, pero no de un castillo: no está construido por una élite privada ni es un símbolo de ostentación del poder. Sin embargo, es esclarecedora la definición de Fortaleza por la RAE: esta puede ser un castillo, un castillo actuando como fortaleza defensiva. Esta definición abre una escala de grises entre ambas, pudiendo considerar un castillo al uso como una fortaleza también.

Sin embargo, atendiendo a la información arrojada en estas líneas, creo más conveniente denominar fortaleza al San Julián, debido a lo comentado: es una definición más ajustada a lo que es el San Julián. Seguiré denominándolo castillo en el blog, pues es su denominación oficial, pero mantendré la doble nomenclatura castillo/fortaleza que hasta ahora he usado en todos los artículos para referirme a la construcción.

Fuentes: 

*Las fuentes realizadas para la consulta de definiciones están a modo de enlace antes de cada una de ellas.

Imágenes: 


miércoles, 27 de noviembre de 2019

Historias del San Julián: primera mitad del siglo XIX.



Infografía de autoría propia.

Imagen 1. Vista del mar desde la cima del monte San Julián.
A la izquierda, el puerto moderno de Escombreras.
Pese a ser un castillo tan tardío como hemos podido ver, el San Julián, o el emplazamiento de este, ha tenido una vida llena de acontecimientos de relevancia. Al igual que con el tema sobre la construcción de la fortaleza, considero demasiado largo para un sólo artículo tratar todos estos hitos históricos, así que los he dividido en varias entregas. Esta primera hablará de los acontecimientos acaecidos desde inicios del siglo XIX hasta el asedio de Cartagena de 1844 tras la rebelión progresista de ese año. Hay que aclarar que comenzamos ya en el siglo XIX debido a que desde estos años hacia atrás, su posición es prácticamente irrelevante en los hechos históricos.

Como ya sabemos, en los primeros años del siglo, la cumbre del monte San Julián no era la poderosa fortificación abaluartada que es hoy día. Las preocupaciones militares estaban hasta estos años en otros temas y la ubicación se hallaba es un estado entre el abandono y cierta necesidad de mantener un puesto armado y ocupado por soldados. Así, siempre existiría algún tipo de fortificación en la zona.

Imagen 2. Control territorial sobre el Este de la ciudad y el
Campo de Cartagena. 
Nos cuenta Guimaraens que la posición fue desartillada en junio de 1808, un mes después de la invasión francesa de España, ante el miedo a que esta -con su potencia artillera- cayera a manos enemigas debido a la falta de soldados que pudiesen defenderlo in situ. Cartagena estaba en estado de alerta debido a las derrotas militares contra la Grande Armée y todas las fuentes consultadas hablan de un gran esfuerzo por perfeccionar las defensas terrestres de la ciudad. En los informes militares de estos años podemos ver como las preocupaciones sobre el San Julián que ya tenían recorrido de décadas, se afianzaron. Las fuerzas francesas y afrancesadas nunca llegaron a atacar la ciudad, por lo que no se pudo poner a prueba estas defensas. Pocos años después, acercándose el final de la guerra, la posición debió ser artillada de nuevo, tras la intervención británica que sabemos que tuvo lugar hacia 1812 y en la que muy posiblemente se construyera la torre circular que hoy día se conserva dentro de la estructura de la fortificación.

Tras el fin de la guerra en 1814 hubo unos años tranquilos. Sabemos que Cartagena entró en declive y durante los siguientes años no tuvo una historia demasiado agitada, exceptuando las acciones militares del Trienio Liberal de 1820-1823, y especialmente la invasión de los Cien Mil Hijos de San 
Luis, que pone punto final a la experiencia reformista. Cartagena fue la última ciudad en caer ante las tropas francesas. Y aunque esto no fue determinante, las acciones ofensivas sobre Cartagena valieron para reforzar aún más las tesis de la necesidad de construir una fortificación poderosa en la cima del San Julián. 


Imagen 3. Vistas de la bahía.

Hay que dejar pasar casi dos décadas de historia más para ver otro acontecimiento relevante acaecido en el San Julián. Hablamos de la rebelión cartagenera iniciada el 1 de febrero de 1844. Egea Bruno nos recuerda el estado de sería crisis de la ciudad a lo largo de esta mitad del siglo XIX y que provoca un caldo de cultivo para un cíclico estallido social. De hecho, tan sólo un año antes había acontecido otra insurrección de la ciudad. El pronunciamiento iniciado por un sector del ejército destinado en la ciudad -y que siguió al levantamiento de Alicante tes días antes- fue prontamente seguido por el resto de soldados y las clases bajas de la ciudad, arruinadas. A continuación siguió un movimiento descabezado y que avanzaba sobre la marcha, esperando la respuesta gubernamental. 

La situación generalizada de rebelión militar fue contenida con éxito por el gobierno moderado. El 4 de marzo del mismo año, los sitiadores de Cartagena, que dominaban el teatro de operaciones manteniendo en jaque a Alicante y bloqueado el puerto murciano, se disponían a iniciar un avance militar por el frente de Escombreras. Ese día comenzó el primer gran enfrentamiento militar alrededor del monte San Julián, del cuál ya hemos explicado en artículos anteriores su importancia estratégica en los frentes de Escombreras-Santa Lucía.  Las tropas sitiadoras avanzaron por el valle de Escombreras obligando a los insurrectos a retirarse hasta el monte San Julián. Allí intentaron realizar una última defensa del frente de Escombreras aprovechando las buenas condiciones de defensa que ofrecía según cuenta el general a cargo de la ofensiva, De La Concha, citado por Rubio Paredes. 



Imagen 4. El puerto de Escombreras desde la batería del General Ordóñez.

Los defensores, al mando del general Ruíz Martínez decidieron tras los acontecimientos artillar la cumbre del monte con una Colisa -cañón montado sobre una plataforma que gira- para poder prestar apoyo artillero a la defensa en los alrededores del enclave. Es muy probable, aunque no se sabe con certeza, que el intento de instalación del arma en las alturas de aquél monte provocara un enfrentamiento militar entre sitiadores -que no podían permitir ni la rotura del cerco militar ni mucho menos la instalación de una "batería" que amenazara sus posiciones en Escombreras- y sitiados, cuya llegada e instalación de la Colisa supondría a buen seguro un golpe de moral al conseguir una victoria táctica de relevancia. 



Imagen 5. Vista del frente montañoso que protege San Julián
de ataques desde tierra. 
Personalmente opino que este enfrentamiento debió ocurrir, debido a que es poco probable que los sitiadores abandonaran tan importante posición, que debía ser reconquistada por los defensores por necesidades obvias de la defensa de la plaza. También podría darse el caso de quedar la ubicación en tierra de nadie, y ante la venida de las tropas alzadas, los gubernamentales decidieran intentar evitar la operación. En cualquier caso, los sitiados consiguieron su objetivo de artillar la cumbre, causando una severa derrota táctica a los sitiadores y facilitando la defensa de la ciudad. Pero esto no fue suficiente para impedir la caída de esta.

Hay que destacar que por estos años, pese a no estar aún construido el definitivo castillo, las fuentes primarias hablan del "Castillo de San Julián", cuando en principio no debería existir nada en esa localización más allá de la torre circular inglesa y una pequeña disposición de armas y fortificaciones puntuales de campaña. Por ejemplo, en 1845 el coronel jefe de Ingenieros de Cartagena, citado por Iniesta SanMartín y Martínez López, habla de la cumbre del San Julián dejando ver que existía alguna fortificación:


"...una especie de terraza sencilla, dirigiendo todos sus fuegos a la parte de tierra, con su foso, explanadas y merlones en su parapeto cerrado por la gola con un muro sencillo; se construyó un camino que desde dicho fuerte baja al mar"

Coincido con los autores que analizan este hecho, en que debieron referirse a la torre, pero además creo que la referencia del enclave como castillo no responde sino también a una intención de igualar estratégicamente esta posición con las del castillo de Galeras o el de la Atalaya. También podría ser simple "pereza" de nombrar de forma distinta esta construcción.

Estos años son de grandes cambios militares, tanto en las formas como en el fondo. Los hechos históricos aquí contados no hacen más que reafirmar la necesidad de construir una fortificación en San Julián, dentro de un plan general de reorganización, adaptación, o actualización del estado de la defensa. Si hasta ahora esta posición era poco relevante para el atacante y para el defensor, ahora ambos están descubriendo las capacidades militares que puede ofrecer.

*Actualización: la historia del San Julián continúa en un siguiente artículo sobre la Guerra Cantonal de 1873-1874.


Fuentes:
  • Egea Bruno, P M (1995) Los motines cartageneros de febrero-marzo de 1844. Murgetana. Nº91. Págs: 57-67. 
  • Guillermo Guimaraens Igual (2007). El último hálito de la fortificación abaluartada. El fuerte de San Julián de Cartagena. Universidad de Valencia.
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 127-129, 588-589.
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. 
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
  • Rubio Paredes, J M (2007) El levantamiento progresista de 1844 en Cartagena. Cartagena Histórica Nº33. https://archivo.cartagena.es/gestion/documentos/19770.pdf
*Todas las imágenes son de producción propia y de uso libre.

sábado, 23 de noviembre de 2019

Sobre la fortificación abaluartada

Podemos ver que el castillo de San Julián presenta una planta de fortaleza abaluartada. Desde los primeros planes de fortificación del enclave, la fortificación abaluartada siempre ha sido la opción elegida para la construcción. Vamos a ver por qué.
Imagen 1. Podemos ver una vista magnífica los baluartes de la fortaleza rodeados en rojo. 
Agoviz (Gómez Vizcaíno).

Desde el siglo XVI este tipo de fortificación se impuso como respuesta al desarrollo de la artillería. Ya a finales del siglo XV el desarrollo de esta última obligó el replanteamiento del sistema defensivo. Las altas torres y murallas precedentes eran ya demasiado vulnerables a los disparos de cañones, por lo tanto, hubo que reducir su altura y modificar el plano que recibía los golpes de proyectil para resistirlos lo mejor posible. Así nació la fortificación abaluartada: una construcción generalmente poligonal, de líneas rectas que acababan en un ángulo cerrado que apuntaba siempre a la dirección del ataque enemigo -esto recuerda al blindaje inclinado de los tanques de combate, para hacer rebotar el proyectil enemigo-. 

El baluarte estaba preparado para tener artillería en su interior, especialmente en los salientes de la fortificación. Estos salientes estaban dispuestos de forma que en la defensa del perímetro más inmediato a sus muros, un fuego cruzado desde las posiciones defensivas dejara en una situación muy difícil al atacante. 

Sin embargo, viendo nuestro castillo vemos que su planta es irregular. Esto se debe a que sufrió muchas fases constructivas de planes distintos. La tardanza en su construcción provocó esta desigualdad entre las primeras zonas construidas y las últimas. Pero sí podemos ver que presenta las características más generales de una fortificación abaluartada. 

El sistema de abaluartamiento en el siglo XVI, se combinó pronto con la protección de un manto de tierra poco compactada, debido a su resistencia frente a los ataques de artillería. Así podemos verlo con el caso de la muralla de Felipe II, con baluartes a lo largo de su recorrido. El principal problema de este revestimiento, como podemos ver también en esta muralla. Sabemos que pocos años después de la construcción de la muralla, el concejo ya estaba pidiendo revestirla de un material más resistente a los agentes atmosféricos, lo cual acabó llevándose a cabo.

Imagen 2. Representación del baluarte de una muralla. Imagen de Scott Foresman (2007) Dibujo de un bastión.

Hay que atender al hecho de que la posición del San Julián se consideraba inexpugnable. Debemos preguntarnos entonces la necesidad de construir la fortificación en forma de baluarte, lo cuál es más costoso. Según Guimaraens, la respuesta a esta cuestión está en la defensa de flanco y la intención de aprovechar el fuego cruzado que se puede dar en gran parte del sistema defensivo de Cartagena. Además, ante una posible ofensiva de soldados enemigos a la posición, esta sería mucho mejor defendida con el sistema abaluartado.

Como ya hemos comentado anteriormente, el castillo de San Julián se terminó de construir ya desfasado. A finales del siglo XIX el abaluartamiento comenzaba lentamente su agónica decadencia. El desarrollo de nuevas técnicas militares, con ejércitos cada vez más especializados y una potencia de fuego que no hacía sino aumentar exponencialmente desde hacía siglos, estaba convirtiendo poco a poco estas estructuras defensivas tan grandes -sí, pese a reducir el tamaño desde la Edad Media- en fáciles dianas. Especialmente armas como el famoso cañón Krupp de mediados del siglo XIX, comenzaron a obligar nuevamente a replantearse los sistemas defensivos. Es por ello por lo que es difícil de entender por que el San Julián acabó siendo construido de esta forma. Quizá se priorizó una simple defensa de una ubicación cuyo asalto se pensaba difícil para el enemigo.

Este castillo representa por todo lo dicho el final de una etapa de varios siglos del desarrollo de la defensa militar. Es el último castillo de Europa y el último baluarte. La completa decadencia de este sistema defensivo se dio con el “golpe de gracia” de la aparición de los primeros aviones de combate en la Primera Guerra Mundial, para los cuáles una fortificación abaluartada era un objetivo muy fácil. De esta manera, la defensa volvió a mutar hacia sistemas más pequeños y escondidos en la medida de lo posible. Esto lo podemos ver por ejemplo en la Batería de Cenizas, construida medio siglo después.

Fuentes:
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 127-129, 588-589.
  • Martínez et alii... (2014) Las defensas de la Cartagena renacentista: evidencias arqueológicas recientes de las murallas de Carlos I y Felipe II. Anales de Prehistoria y Arqueología. Págs 180-202.
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. Págs 25-60.
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
Imágenes:

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Funciones de la fortaleza dentro del sistema defensivo decimonónico de Cartagena


Ya hemos hablado en los anteriores artículos sobre las funciones del castillo, pero ahora nos vamos a centrar en analizar detenidamente estas cuestiones. Vamos en este artículo a analizar los porqués y los objetivos de estas funciones militares. Vamos a hacernos una pregunta antes de seguir leyendo: ¿El castillo de San Julián fue realmente útil? Vamos a intentar responder lo más acertadamente posible, usando principalmente los datos que hemos visto hasta ahora.


Elaboración propia.

Vamos a desarrollar las funciones comentadas en la imagen:

Imagen 1. Rubén Sánchez (2013) Castillo De San Julián
Cartagena Murcia.
En cuanto al control territorial, sabemos que el castillo se sitúa en el monte más alto del margen oriental de la bocana, y uno de los más altos de Cartagena. No sólo eso, sino que los montes de su alrededor son mucho más bajos. Esto le da a nuestra fortaleza una capacidad de control territorial y de avistamiento única en este sector de la defensa, como podemos ver en la imagen. 

Esta condición, como sabemos, fue aprovechada siglos atrás de la construcción de la fortaleza, con un puesto de vigía del que no sabemos el momento de su establecimiento. Con señales de humo se avisaba a la ciudad de la llegada de tropas enemigas, que podían ser avistadas en toda la bahía de Escombreras, así como la bocana e incluso la zona occidental de la bocana y el mar abierto -función que compartía con el castillo de Galeras-, pero además el dominio visual sobre el Campo de Cartagena y Escombreras es absoluto. La construcción de la fortaleza podría reforzar las funciones de vigía, al permitir un mayor número de soldados instalados en la ubicación y unas mejores instalaciones para la tarea.

Imagen 2. Murcianboy (2007) Castillo de San Julián,
Cartagena (España)
En cuanto a la necesidad de evitar el aprovechamiento enemigo del monte, esto fue uno de los puntos principales en la defensa por parte de los ingenieros militares de finales del siglo XVIII y principios del XIX para la construcción de la fortaleza. Hasta el levantamiento de la plaza fuerte, un ataque enemigo que rompiera las defensas costeras tendría relativamente fácil la conquista del monte. Sin embargo, esta visión estratégica no se dio hasta el siglo XVIII, debido a las tácticas militares acontecidas en los siglos precedentes, y el estado del avance en armamento


No es descabellado pensar que hasta el siglo XVIII ningún enemigo podría pensar en un ataque a Cartagena comenzando por un desembarco en la costa oriental. Hasta inicios de este siglo la defensa de la ciudad se hallaba en precarias condiciones, denunciadas por los ingenieros militares y la propia localidad de Cartagena. Los turcos demostraron la facilidad de llegar a las puertas de la ciudad en su desembarco del día de Santa Mónica en 1561 a través de la Algameca -buscando el arrabal-. De ataques como estos se aprendió, reforzando la defensa de la zona, aunque por ejemplo, el Castillo de Galeras no se construiría hasta 200 años después. 


Esta situación cambió con el desarrollo defensivo del margen occidental en el siglo XVIII. A buen seguro esto sería una motivación para defensores y atacantes. Los primeros por poder, ahora, destinar más recursos a esta zona menos protegida, los segundos por buscar puntos débiles en la defensa de la plaza. La solución que se dió fue la construcción de baterías como la de Santa Ana Acasamatada -esta primero como fortín- en la costa oriental de la bocana, una zona de fácil desembarco. 


Con el avance militar, décadas después se empezó a pensar en la posibilidad de ver rebasadas estas defensas en caso de un ataque contundente. Entonces se empezó a proponer la construcción de nuestro castillo. El Plan O'Donell de 1860 contemplaba la facilidad con la que un enemigo podría tomar la posición sin el castillo. En este caso podrían ser utilizadas contra la ciudad algunas de las baterías de costa, así como la propia cima. Pero con una fortificación sólida en la altura se podría retener y frustrar los planes enemigos.


Imagen 3. Rubén Sánchez (2013) Castillo de San Julián
Cartagena.

Esto nos lleva a enlazar la siguiente cuestión, que es la función para albergar tropas regularmente. En el Informe Medina de 1860 se comentaba mantener hasta 800 soldados de forma permanente en la construcción. Hoy día es una cantidad muy importante de soldados, pero en el siglo XIX lo era notablemente más. ¿Por que tantos soldados? Pues para garantizar la defensa de este enclave estratégico, y para apoyar activa y decisivamente a las defensas de costa. 

Una fortaleza capaz de dar cabida a cientos de soldados permitiría la existencia de un punto avanzado en la defensa, con la capacidad suficiente como para lidiar con cualquier ataque enemigo que pudiera darse en margen oriental de la ciudad. Así mismo sería capaz de defenderse de un asalto enemigo, pudiendo destinar soldados tanto al combate "cuerpo a cuerpo" como al uso de los cañones. 


Atendiendo a la estrategia militar, es de primer orden el establecimiento de un puesto con esta capacidad de infantería. Algo básico en la defensa: abundantes soldados.


En cuanto a la defensa de Santa Lucía, así como su control territorial, eran unas necesidades inmediatas en el siglo XIX. En el crecimiento exponencial de la ciudad de Cartagena desde hacía siglos (sin mencionar la crisis de inicios del siglo XIX) se habían construido barrios y zonas residenciales fuera de la estructura de defensa, en especial fuera de los muros. 

Vista de Cartagena desde el San Julián, donde destacamos la proximidad de Santa Lucía. Original de Peñalver, A (sin fecha).
https://www.pinterest.cl/pin/460141286919157791/?lp=true


Santa Lucía creció desde el siglo XVII, pero de forma limitada. A mediados del siglo XIX el barrio se convirtió en una zona de importante poder y prestigio, símbolo de esto su experiencia fallida como municipio propio entre 1842-1843. En la actualidad quedan registros arqueológicos en forma de viviendas de aquel siglo, que nos demuestran el poder económico de muchos habitantes del barrio. Es natural que este hecho impulsara junto con las demás necesidades la construcción de la fortaleza. Un camino que conecta directamente el barrio con la fortaleza demuestra también esta necesidad de defensa.

Esta misma situación comentada, un siglo antes hubiese supuesto la ampliación de la muralla -como se procedió entre 1771 y 1786. Pero en pleno siglo XIX esta construcción defensiva había quedado totalmente desfasada y testigo de la historia. Es muy probable además que muchas casas del propio barrio de Santa Lucía se construyeran con materiales robados a la muralla, como nos cuentan fuentes orales de la ciudad. 

Por otro lado, el apoyo a las baterías costeras del margen oriental fue siempre uno de los objetivos más deseados por los defensores de la construcción de la fortaleza. Los soldados apostados en la cima del monte podrían acudir rápidamente al socorro de las baterías existentes en las posiciones inferiores. Esta misión recorrería el camino antiguo por la ladera Oeste del monte y que conecta con Trincabotijas. Camino que además fue construido para el paso de vehículos ligeros y caballería para tal fin.

El apoyo artillero también es importante en este caso. Ya hemos visto en un artículo anterior que la batería de la fortaleza acabó teniendo un número importante de cañones, si bien no todos los que se proyectaron en un inicio. Es difícil pensar en un apoyo efectivo al ataque de buques enemigos situados en aguas profundas, aunque el desarrollo artillero del siglo XIX lo haría posible. Pero es más fácil pensar en un apoyo artillero desde el San Julián a las posibles batallas de tierra. Me imagino el fuerte de Santa Ana asaltado por tropas británicas bajo el fuego de los cañones del San Julián. Una imagen que por suerte no hemos podido ver.

Plano de Cartagena y sus defensas costeras en el siglo XX. En naranja la localización del San Julián en la parte superior central. Original de Aforca. Autor desconocido. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm

Por último, el importante el papel del San Julián en los planes de reforzamiento de las defensas de Cartagena lo hemos podido comprobar en el resto de puntos. La fortificación del San Julián era una necesidad desde todas las perspectivas en el siglo XIX e incluso podría decir que antes. Mantener los combates fuera del área urbana era uno de las principales tareas de la fortaleza en este sentido.

Esta construcción sigue el inevitable desarrollo histórico de los planes defensivos de la plaza fuerte, dotada de un arsenal y siendo base permanente de la flota mediterránea desde el siglo XVII: reforzar cada vez más la defensa, cubriendo los puntos débiles y reforzando los ya cubiertos constantemente. Una línea histórica quebrada tras la Segunda Guerra Mundial, con el comienzo del desmantelamiento de algunos elementos de la defensa. 

Con todos los datos aportados podemos concluir en que el castillo de San Julián era de una utilidad de importante orden. No obstante, esta utilidad estaba quedando desfasada incluso antes de construirse, debido al imparable avance de la tecnología y estrategia militar. 

Imágenes: 

sábado, 16 de noviembre de 2019

Perspectivas de la fortaleza de San Julián: visita a sus apoyos costeros.


Margen suroccidental del monte de San Julián, desde Cala Cortina.

El domingo 10 de Noviembre me dispuse a visitar la fortaleza de San Julián por la mañana. El plan era llegar en coche a la playa de Cala Cortina, y desde ahí subir por el camino que conecta San Julián con las baterías de costa situadas fuera de la bocana del puerto, y desde las cuales se ve Escombreras. Me acompañó mi padre, cartagenero y amante del senderismo, de la Historia, y especialmente de la historia militar. Él decidió subir por ese camino, el más largo de los tres que conectan con la fortaleza , a las 11 de la mañana, y con alerta amarilla por fuertes vientos. Tras una breve discusión le hago entender que es mejor subir al San Julián en otro momento con una atmósfera más calmada, así que decidimos visitar la zona de costa.

Vistas desde el acceso costero a San Julián y Trincabotijas.

Entiendo que este blog habla de la fortaleza, pero creo que también es importante visitar y estudiar los sistemas defensivos a los que debía dar apoyo. Los sistemas de los que ya sabemos que los ingenieros militares de finales del siglo XVIII y el XIX veían como insuficientes, ante la inexistencia de una fortaleza vertebradora de la defensa del margen oriental de la bocana.

Las baterías visitadas fueron las de Trincabotijas Baja y Alta, de una forma muy limitada, pues el peligro de desprendimientos hizo que el Ministerio de Defensa -propietario de la zona- prohibiera el paso en muchos puntos.

Cruce de caminos entre San Julián y Trincabotijas Baja, donde se nos prohíbe acceder al último.

Trincabotijas Baja tiene sus orígenes como emplazamiento defensivo en el siglo XVII, debido a su posición privilegiada para avistar y encañonar flotas enemigas. Su altura respecto al nivel del mar -50/55 metros- es idónea también para plantear un sistema defensivo en estos años, pues la capacidad artillera de los años del Siglo de Oro da una ventaja a los disparos en altura. Esta batería tiene así la altura perfecta para conjugar visión de altura y no demasiada lejanía de los potenciales objetivos a batir, dificultando el cañoneo a esta desde buques enemigos. La batería sería reformada en la segunda mitad del siglo XVIII y nuevamente en la década de 1860, quedando en el aspecto casi similar que tiene actualmente. 

Trasamundo (2010) Batería de Trincabotijas Alta. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:CT_Bateria_de_Trincabotijas_Alta.JPG

Por su parte, Trincabotijas Alta fue construida posteriormente. Esta batería tiene aparentemente una estructura más sencilla, como una hilada de cañones -que evidentemente nos tenemos que imaginar- en el pequeño plano que hay en lo alto del monte de estas baterías. Este emplazamiento no sigue más que el recorrido histórico de la defensa de una plaza fuerte como Cartagena, instalando defensas cada vez a mayor altura, según las necesidades y el avance de la tecnología militar. También parece obedecer a una cierta necesidad de disposición de las baterías, pues Trincabotijas Baja está en mejor posición para defender directamente la entrada del puerto, mientras esta parece orientarse en cierta manera hacia Escombreras. 

Vista del monte San Julián desde Trincabotijas Alta. 

Además de esta foto, en este enlace podemos disfrutar de una panorámica realizada desde la misma ubicación, que nos ayuda a poner en perspectiva la importancia estratégica del San Julián, que vemos que domina todo el territorio a su alrededor. 

Ambas baterías eran suministradas por un amplio polvorín situado a media altura en el mismo monte donde se encuentran. Una pequeña red de túneles con vías los conectaba. Nuevamente no es posible la visita al polvorín debido a su estado de conservación, así que debemos hacernos un esquema mental para entender el funcionamiento de todo este sistema.


Elaboración propia.

Estas baterías representan la idea de dominio territorial, que posteriormente se ratificaría con la construcción definitiva de nuestra fortaleza. Es evidente que esta zona, sin un punto de apoyo lo suficientemente fuerte, se convirtió en vulnerable ante ataques enemigos ya en el siglo XVIII y especialmente, en el XIX. La fortaleza de San Julián les permitiría un suministro de soldados y víveres en caso de ser necesarios, así como un fuerte respaldo de retaguardia ante un ataque frontal. A su vez, nuestra fortaleza no sería lo que fue sin esa red de baterías costeras a sus pies, que representaban la primera y más poderosa línea de defensa de la ciudad.

*Actualización: Mi compañera María Jover ha realizado una infografía interesante sobre las baterías de costa que podemos ver aquí.

*Recomiendo a todo aquel que se anime a visitar estas instalaciones que lo haga con mucha precaución. Especialmente recomiendo que se respeten las prohibiciones de paso, pues muchos puntos están en un estado de ruina muy avanzado.

*Las imágenes no citadas son producidas por mí y de uso libre. Pido disculpas por su mejorable calidad: no pude llevar la cámara de fotos a la visita y tuve que hacerlas con el móvil. Creo que pese a este impedimento, merecen la pena.

Fuentes:




domingo, 10 de noviembre de 2019

Primeras intenciones serias y construcción definitiva de la fortificación

*Para leer este artículo es recomendable leer su predecesor, pero igualmente haremos una breve introducción para recordar las condiciones en las que dejamos la fortaleza.


Sánchez, R (2013) Castillo de San Julián Cartagena.

La construcción del castillo de San Julián fue muy tardía, como ya hemos comentado. Mientras el resto de las fortificaciones que envuelven la ciudad de Cartagena fueron construidas como muy tarde a finales del siglo XVIII, no fue hasta la década de 1880 cuando se terminó de levantar nuestro emplazamiento. Los motivos fueron varios: falta de presupuesto, la condición de puesto de apoyo secundario de la ubicación, y por lo tanto, la visión de la cima de este monte como un punto donde un pequeño enclave de simple observación era suficiente. Aun así, fueron varios los ingenieros militares que entendieron necesaria la construcción de un amplio fuerte fortificado, como Juan José de Ordovás, subordinado de Leando Badarán, interesado también en esta construcción.

Vista del mar desde las faldas del San Julián. Autoría propia.
En el siglo XIX la situación comenzó a cambiar. Tras las Guerras Napoleónicas (1800-1815) el uso de la artillería se entendió como vital, y la mejora de esta tecnología dio un salto cualitativo y cuantitativo. La ubicación de San Julián tomaba entonces importancia, tanto para prestar apoyo a la artillería costera, como para evitar la toma enemiga de la colina y su uso contra la ciudad, así como completar la defensa de una ciudad en crecimiento, cuya área urbana volvía a crecer por encima de sus defensas. Una ciudad que, además, tomaba importancia dentro de la estructura militar -era base naval permanente desde el siglo XVII- y además, la existencia del arsenal hacía necesaria una defensa contundente. Además, el término del resto de fortificaciones permitió redistribuir los gastos en esta nueva construcción.

Argos Vega, M. A. (2017) Cañón de 24 libras.
Hay que entender también que, en el caso del uso de la artillería por un enemigo, no hay que contar tan sólo con el posible bombardeo de la ciudad y el arsenal. Tras las Guerras Napoleónicas queda patente que el buen uso de la artillería puede decantar la batalla hacia un bando u otro. La posición del San Julián es privilegiada para el uso de cañones que den apoyo a las batallas en el Este de la ciudad. Así, la toma de este monte por una fuerza enemiga podría comprometer la defensa de la ciudad. Ordovás ya tenía muy clara esta visión en 1799 en su alegato en defensa de esta fortificación, y con los años esta opinión se vería muy reforzada por el resto de los ingenieros militares que estudiaban las defensas de la ciudad. En 1801, por ejemplo, Manuel Caballero, otro ingeniero militar, pone de manifiesto nuevamente esta necesidad.

Al inicio de la Guerra de Independencia (1808-1813) tenemos un pequeño emplazamiento artillero desprovisto de almacenes y víveres de envergadura, sin capacidad para defenderse de un ataque contundente. Con las tropas francesas ocupando el territorio español sin mayor dificultad, la ciudad de Cartagena, en estado de alarma, revisa su capacidad defensiva. Ante las constantes amenazas navales, la defensa costera se mantiene en un nivel mejorable, pero muy aceptable. Además, el ataque por mar se descarta debido a la protección de la escuadra española y la ahora aliada británica.

Sánchez, R (2014) Castillo de San Julián. Cartagena.
Las preocupaciones se derivan entonces a la defensa ante un eventual ataque francés por tierra. Por primera vez se instala en la cima del San Julián una guarnición de cientos de hombres. Es ahora también cuando retornamos a la torre circular de la discordia. Ante lo comentado hasta ahora, es evidente que alguna mejora debió existir en la cima del San Julián. Las fuentes nos hablan de la retirada por parte de tropas inglesas del precario puesto de artillería y la construcción de una pequeña fortificación, la torre comentada. Sea cierto o no, estamos hablando ya del comienzo serio de fortificación de esta ubicación.

Más avanzado el siglo XIX -segundo cuarto de siglo-, las preocupaciones retornan a la defensa costera. Los avances comentados en artillería, sumados a los navales de nuevo ponían en un compromiso la efectiva defensa de la ciudad y su arsenal. Una pequeña flota podría atacar y dañar seriamente elementos de la ciudad sin tener que hacer grandes maniobras. Por ello se hizo necesaria la instalación de nuevas y más poderosas armas de artillería. Efectivamente, tenemos baterías de costa en estos momentos, pero estas ya en el siglo XIX pueden considerarse obsoletas, o al menos en proceso de obsolescencia. Su número es escaso, y sus posiciones bastante mejorables.

Sumado a esto, también se imponía en este momento la idea de “protección exterior”, es decir, la construcción de defensas más o menos fuera del perímetro de la ciudad. ¿El objetivo de esto? Mantener al enemigo alejado de la ciudad, y torpedear el ataque todo lo posible. Probablemente esta idea se dio debido a la posibilidad de materializarla, pues la defensa básica de la ciudad estaba toda construida.

El llamado “Informe Medina” presentado en 1860 fue determinante para la construcción de esta fortaleza. Sus conclusiones respecto al monte San Julián fueron tres:

  • Efectivamente, la ciudad era demasiado vulnerable a un ataque por mar sin una buena fortificación.
  • Era posible un bombardeo enemigo a la ciudad -y relativamente fácil-.
  • La destrucción del arsenal por una fuerza enemiga relativamente pequeña era una opción muy real.

Hernav, J (2018) Batería de costa Santa Ana Acasamatada.
Se procedió a la mejora de las baterías costeras y la construcción de nuevas, pero el objetivo final de esto debería ser una fortaleza que sirviera, por decirlo de alguna manera, de centro neurálgico de las defensas del margen oriental de la bocana del puerto. El castillo de San Julián se convertiría así en el eje central de la defensa de esta zona. Una vez construido, y formaría parte de la segunda línea defensiva de la ciudad, esa superposición de defensas que haría comenzar los combates más duros en los montes, donde la defensa de un punto de altura es muy fácil frente a un ataque enemigo. Todo esto eran recomendaciones del Informe Medina.

La construcción definitiva del castillo de San Julián fue aprobada en la Real Orden del 31 de Mayo de 1861. Esta atendía las demandas del Plan de Defensa de 1860, y dispuso un crédito de 30 millones de reales de vellón -de los que evidentemente, sólo una parte fueron para nuestra fortaleza-. La construcción de defensas consideradas aún más prioritarias fue la que se llevó a cabo primero, por lo que aún debió esperar la ciudad muchos años para ver terminada la fortificación del San Julián. Sin embargo, al ver el número de cañones que se pretenden instalar en el castillo, unos 37, comprendemos también la importancia que se le dio a esta batería. Se convertiría en la batería de cañones más poderosa de la ciudad, rivalizándole tan sólo la batería de la Poladera, con 36 cañones. Una vez terminada la construcción, se arroja un jarro de agua fría, teniendo el San Julián un número final mucho más reducido de cañones.

Sánchez, R (2013) Castillo de San Julián Cartagena Murcia.
La construcción al fin terminó definitivamente en 1888, una fecha muy tardía para el tipo de defensa que representaba. Se le ha llegado a apodar como “el castillo más moderno de Europa”, y muchos autores no se explican por qué se construyó una fortaleza que nos recuerda a la Edad Moderna en fechas tan tardías. Podríamos decir que el castillo se inauguró ya desfasado.
  

Fuentes:
*Las imágenes fuera de mi autoría han sido obtenidas a través de flickr.com

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