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miércoles, 11 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: de la Guerra Cantonal a principios del siglo XX.

*Es recomendable leer los dos primeros artículos dedicados a la historia del San Julián. El primero podemos leerlo aquí y el segundo aquí.
Imagen 1. Interior de la fortaleza.
Tras el asedio de Cartagena de 1873-1874 el castillo de San Julián cumplió con éxito la única tarea de relevancia real que tendría en su historia como poderosa fortificación en servicio militar. En opinión de Guimaraens, y compartida por mí, parece que el castillo no debió de ser muy dañado durante la batalla, pues las menciones de las fuentes primarias en este sentido son muy escasas y breves. Sabemos que hubo obras de reparación de daños posteriormente, a buen seguro para reparar los daños que produciría la explosión accidental dentro de la fortificación que comentamos durante el asedio.

Obras de reparación y de construcción que se alargaron durante los años posteriores, pues ya sabemos que la construcción total de la fortaleza no acabó hasta 1888, como ya hemos comentado en un artículo previo. En junio de 1882 no obstante, se comunica al gobernador militar de Cartagena la conclusión de las obras y la instalación definitiva de la artillería de 210 mm, posterior a una instalada con anterioridad de 150 mm. Es posible que esta conclusión fuese sólo de lo necesario para poder instalar las baterías para su uso ordinario. También es posible que hubiese que reparar la fortificación tras la insurrección republicana de 1886, y por ello la Historiografía no de por concluida la construcción hasta el 88. Por otro lado, también es posible que estas obras se alarguen en un intento de readaptar el castillo a los nuevos tiempos militares. En cualquier caso, vamos a hablar de esta insurrección del 86, donde el San Julián tuvo un papel destacado.

Imagen 2. Plano del San Julián. Agoviz (Gómez Vizcaíno)

Insurrección de 1886:

Hemos podido ver ya a lo largo de los artículos de este blog el carácter combativo e insurrecto de la ciudad de Cartagena a lo largo del siglo XIX, apoyando siempre los movimientos progresistas. Tras la caída de la Primera República en 1874, en la ciudad había sobrevivido un apoyo fiel al republicanismo, que podemos ver en las siguientes décadas. Así, en la noche del 9 al 10 de enero de 1886, un grupo de soldados alzados tomaron el castillo por sorpresa. Era una acción llevada a cabo por la Asociación Republicana Militar, una organización clandestina que estaba investigada por el gobierno y los militares, pero que tuvo la ocasión de realizar varias insurrecciones como esta.

Imagen 3. La fortaleza vista desde la entrada marítima a
Escombreras. Núñez Sánchez.
Una de las cabezas visibles de esta insurrección fue Antonete Gálvez, uno de los líderes de la Rebelión Cantonal. Le fue ofrecido el puesto tras años de inactividad tras ser amnistiado de la pena de muerte impuesta en 1876. Su presencia fue mayormente simbólica.





El general a cargo de la plaza era un Fajardo, el cuál intentó establecer una solución pacífica a la insurrección. Primero se hicieron unas salvas de fusilería y un disparo de cañón a modo de advertencia que no fue respondida. Tras ello, se dirigió hacia la fortaleza el general con miembros de la Guardia Civil y fuerzas militares que habrían de tomar la construcción si fuera necesario. Al acercarse fueron todos recibidos hostilmente. De nada sirvieron las intenciones y amenazas del general, que acabó herido y tuvo que ser conducido a la ciudad en estado muy grave.

Pese a lo que podía parecer una victoria inicial -la caída del general al mando- los sublevados del San Julián pronto pudieron comprobar que nadie en la ciudad les secundaba. Viéndose solos y acorralados, aprovecharon la confusión de las tropas leales tras la retirada de su general para salir de la fortaleza y huir por mar en un buque mercante hasta Orán. Me resulta interesante imaginar las caras de los soldados cuando descubrieron que en el San Julián no quedaba nadie y todos habían huido prácticamente delante de ellos.

Imagen 4. Foto de Cartagena a finales del siglo XIX.
Obtenida por Cornell University Library.

Este es probablemente el último hecho acontecido en el San Julián por una alta valoración de su función militar estratégica -y ni siquiera había terminado su construcción-. No es casualidad que se eligiera esta fortificación, que ya mantuvo a raya a los enemigos centralistas en 1873-74, por lo que se veía como inexpugnable. Pero al igual que en enero de 1874, se necesita algo más que controlar las alturas para ganar la batalla. Por otro lado, la toma por sorpresa de la fortificación es algo que nos hace saltar las alarmas. Como apunta Guimaraens, además de una buena fortificación, se necesita en ella personal adecuado y suficiente para defenderla con eficacia, demostrado con este hecho.

Inicio de la decandencia:

Imagen 5. Cañón Krupp, posiblemente de mitad del siglo
XIX debido a sus escasas dimensiones comparadas
con otros más modernos. Giordanengo.
Desde 1871 el panorama internacional está viviendo la denominada Paz Armada, finalizada en 1914, una carrera armamentística entre las grandes potencias del mundo. Si hasta el momento el avance militar estaba siendo exponencial, este desarrollo rompe los límites del avance de la tecnología bélica, convirtiendo en desfasado lo que hace pocos años era la vanguardia militar. 

En pocos años las armas crecen de forma inimaginable, obligando a readaptar construcciones, instruir soldados, construir nuevos buques de guerra e instalaciones militares, usar nuevos y mejores materiales, etc. España no puede seguir esta carrera, pero a remolque de las superpotencias también empieza a mejorar sensiblemente sus defensas. Las miradas comienzan a centrarse en el poder de la artillería, que es tan fuerte ya que ninguna fortificación puede oponerse a ella. Es el fin de la fortificación abaluartada como hablamos en otro artículo, y por lo tanto, el fin de la vida realmente útil del San Julián, incluso antes de terminar su construcción.

Voladura accidental del San Julián:

Hasta 1898 no volvemos a tener algún acontecimiento de relevancia en la ubicación. En este caso no hablamos de una batalla ni de una insurrección, sino de una explosión accidental dentro de la construcción. La ciudad de Cartagena está más calmada y los ánimos revolucionarios de todo el siglo están algo más apagados. Lo que sucedía en este año era la Guerra Hispano-estadounidense, librada en ese año. Cartagena, como base de la flota y manteniendo el arsenal, se encontraba en estado de alerta ante un posible- y en mi opinión, muy poco probable- ataque estadounidense, así como posibles acciones de sabotaje de espías enemigos.

La declaración de guerra de Estados Unidos se hizo efectiva el 25 de abril. Tras esta, la ciudad de Cartagena comenzó una gran actividad para aprovisionar el esfuerzo de guerra y preparar sus defensas. Se repararon fortificaciones y se dispuso una labor de puesta a punto de las comunicaciones, armas y municiones. En este proceso -repaso del estado de las boquillas de los proyectiles almacenados- sucedió la explosión del polvorín del San Julián, sucedida a medio día del 20 de mayo, pudiendo escucharse por toda la ciudad. Explosionó el almacén de proyectiles de 150 mm y el taller de carga de al lado. En total, 13 toneladas de pólvora hicieron explosión. Podemos ver imágenes esclarecedoras del suceso en este PDF.

En el suceso murieron 11 personas y 62 quedaron heridas, afectando probablemente a todo aquel que se encontrara dentro de la fortificación en ese momento, pues la explosión debió ser cuanto menos, muy dura. De hecho, las crónicas del acontecimiento cuentan que llegaron escombros producto de la explosión a la batería de Trincabotijas, que se encontraba en proceso de reparación, y allí hirió a algunos obreros. La explosión fue tal que redujo a estado de ruina los dos baluartes de la zona Este. Las fotos que se conservan del hecho dejan ver un estado de destrucción que ningún bombardeo hubiese podido conseguir sin una permanencia en el tiempo alargada. También se dejó inoperativa la red de telegrafía con la que se comunicaba la ciudad.


Imagen 6. Interior del San Julián.

Paso a segundo plano en el siglo XX:

En los primeros años del siglo XX se amplía y mejora el camino para llegar al San Julián. La obra y su presupuesto fueron aprobados oficialmente en el 1900, terminándose esta en 1904 con la eliminación de obstáculos y la reducción de pendiente. El objetivo de fondo de esta obra era adecuar el camino a los nuevos tiempos, con la proliferación de vehículos y armas cada vez más grandes, pero especialmente para la construcción de una nueva batería al lado de nuestro castillo, que pudiera albergar mejores armas.

Y es que, como hemos comentado, la situación de la estrategia militar había dado un vuelco incluso antes de entrar el nuevo siglo. Uno de los grandes ejemplos de este cambio en Cartagena fue el derribo de gran parte de la muralla de Carlos III en el 1900, y la celebración de este hecho por parte de la población civil.  

Imagen 7. Batería del General Ordóñez.
Así, poco a poco el San Julián estaba siendo abandonado de sus funciones militares directas, hasta que en 1909 se construyó la batería General Ordóñez. A partir de este momento, las funciones de artillería serían cedidas a este, mientras que la fortaleza quedaría relegada a un papel de apoyo logístico a la batería.

La instalación de la primera antena de comunicaciones dentro de los muros del San Julián en el mismo año 1909 confirmó lo que venimos comentando. Además, la introducción del avión militar en estos años, con capacidad para bombardear objetivos complicados para la artillería fue también un elemento clave en este proceso. La fortaleza comenzó un camino agónico desde un pilar fortificado de la defensa de la ciudad hacia ser un edificio militar más, que serviría tan sólo como punto de almacenaje de alimentos, agua y municiones, así como de estancia para los soldados del General Ordóñez. Una función que ya tenía y que a lo largo del primer tercio del siglo XX va a desarrollar es la de prisión militar, de lo que hablaremos en un próximo artículo.

*Actualización: el último artículo sobre la historia del San Julián podemos verlo ya en esta dirección


Fuentes:

  • Cañabate Navarro, E (1967) Cartagena y sus antiguas defensas muradas. Athenas Ediciones. Cartagena. Colección Almarjal. Págs: 30-31.
  • Desconocido (2004) Patrimonio. Arquitectura militar en Cartagena. Edad Comtemporánea. Siglo XX. Aforca. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 588-589
  • Rolandi Sánchez-Solís, M (2009) La voladura accidental del castillo de San Julián de Cartagena en mayo de 1898. Cartagena Histórica Nº 32.  Págs: 4-13.
  • Salmerón Giménez, F J () Antonete Gálvez y las sublevaciones republicanas de Murcia y Cartagena. Revista C.E.H. Fray Pascual Salmerón. 


Imágenes:

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: el asedio de Cartagena (1873-1874).


*Este es el segundo artículo de una serie dedicada al desarrollo histórico del Castillo. El primero podemos verlo en este enlace


Imagen 1. En la fuente original data este plano de finales de siglo XVIII, pero la disposición del San Julián
-abajo derecha- así como la representación de la batería General Ordóñez, aunque no nombrada, da
lugar a serias dudas. En cualquier caso, la defensa de Cartagena en 1873 era muy similar a lo que vemos aquí.
Es una decisión un poco controvertida, debido al marco en el que estoy realizando las entradas del blog, el hecho de escribir un artículo sobre un hito en concreto, pero merece la pena. La actuación del castillo de San Julián en la defensa de Cartagena durante el asedio de 1873-1874 es determinante, tanto para el desarrollo de este momento histórico, como para comprender definitivamente los porqués de esta construcción. Y por supuesto, personalmente considero de gran interés este momento para el castillo, probablemente el momento más importante de su “vida”, por todo lo que vamos a ver a continuación.


Imagen 2. Frente de Sierra Gorda - Mar Menor.
El San Julián se construyó pensando principalmente en la defensa marítima contra un enemigo extranjero, probablemente inglés, pero acabó por estrenarse antes de terminar su construcción definitiva, ante un enemigo que estaba “en casa” y que además atacaba por tierra. No digo, no obstante, que los ingenieros que lo planearon no pensaban en la opción de un ataque terrestre, por que entraría en contradicción con mis propios artículos anteriores. Mi apunte aquí es sobre la ironía que produce el hecho de que la Monarquía, y después el Estado Central construyeran las fortificaciones de Cartagena que luego les impedirían sofocar sus rebeliones con mayor efectividad.

Hubo que esperar casi tres décadas desde el pronunciamiento de 1844 para volver a ver acontecimientos de gran relevancia en la ciudad de Cartagena, que además afectaron a la fortificación de San Julián -muy desarrollado el proceso de construcción del definitivo emplazamiento-. Hablamos de la Rebelión Cantonal, ocurrida en 1873-1874. La ciudad fue uno de los puntos claves de esta rebelión que alcanzó la cota de nacional, además de liderar junto con Murcia el Cantón de Cartagena o Cantón Murciano y ser la última ciudad de las alzadas en rendirse a los centralistas. Durante la rebelión, el San Julián fue rebautizado como Froilán Carvajal, considerado mártir del federalismo español, condenado a muerte en 1869. 

Imagen 3. Vista actual del interior de la fortaleza.
Su disposición debía ser esta o muy similar en 1873.

La rebelión pronto fue doblegada, y pese a encontrarse en una marcha decidida hacia Madrid, las tropas del Cantón de Cartagena tuvieron que replegarse de sus posiciones en la provincia de Albacete debido a la caída de sus aliados. Muy pronto Cartagena se vió sitiada por tercera vez en lo que iba de siglo. Sabemos que en estos momentos, el San Julián -o el Carvajal- fue tomado en consideración por las tropas centralistas, ya que en estos años se podía ver como una potente posición abaluartada y artillada. Así, en la disposición de las baterías asediantes, la denominada Nº 3, situada cerca de una zona llamada Hacienda el Ferrol, y con un punto de observación avanzado en Roche Alto, se dispuso enterrada para poder defenderse del fuego desde nuestra fortaleza. Esto se realiza en lo comentado en posts anteriores, sobre la importancia de la colina para cualquier atacante de la ciudad, desde la que poder dirigir importantes ofensivas, así como control territorial y artillero.

Imagen 4. Cortina Norte del San Julián. Esta zona de la
fortaleza debió de ser la más activa junto con la Oriental.
Las fuentes difieren entre el 27 o 28 de noviembre -segundo o tercer día de asedio total- como fecha en la que el gobernador de la fortaleza murió a causa de la explosión de uno de los cañones. Este hecho no fue determinante en la batalla, pero muestra el mal estado de las defensas de la ciudad. Sin embargo el San Julián cumplió las expectativas militares, resistiendo todas las semanas de sitio de la ciudad. Aquí vemos que la fortaleza cumple con rotundidad uno de los principales objetivos por los que fue construida: alejar el fuego de artillería, así como los combates, de la propia ciudad. Una tarea que en conjunto con el castillo de Galeras se realizó con gran éxito. 

De esta manera, en los planes del ejército centralista siempre tuvo el San Julián un alto valor, ya fuera como objetivo de conquista, o como simple ataque de distracción como propuso el General Ceballos en octubre de 1873. Un plan que por cierto no pudo llevarse a cabo debido a la gran cantidad de soldados que requería. Esto no es más que una nueva muestra de la efectividad de la fortaleza. Efectividad demostrada también con el apoyo de sus cañones a los ataques de los federales en las afueras de la ciudad. El hecho más destacado de estos ataques fue el del 30 de noviembre, cuando la toma de zonas alrededor del San Julián fue apoyada por este y El Calvario, que actuaba de soporte del San Julián. Esto a su vez provocó el redoble de esfuerzos centralistas en el ataque y la intención de tomar la fortaleza. 

Imagen 5. Vista del frente de Escombreras - Sierra Gorda desde el baluarte Nororiental del San Julián.
En la parte superior central vemos la ermita del monte El Calvario. A la derecha del monte, el
valle de Escombreras. 

Pese a los grandes esfuerzos de los defensores y los errores iniciales de los atacantes, era imposible que Cartagena resistiera el asedio por mucho más tiempo. A lo largo de diciembre, el ejército centralista tomó grandes esfuerzos en avanzar por el frente de Escombreras, poniendo en riesgo la posición del San Julián como en 1844, pero esta vez de forma más organizada: se construyó en la zona la batería sitiadora Nº 9, bajo las dificultades que les impuso el fuego de el "Carvajal" y el Calvario. La intención del ejército centralista durante un breve periodo de tiempo fue conquistar San Julián o Atalaya, convencidos de que así dominarían la ciudad y conseguirían una rápida rendiciónLas guarniciones de los principales castillos de la ciudad izaron banderas negras en un día de diciembre que desconocemos, aceptando la futura derrota, pero mostrando su interés por resistir hasta el final. 

Imagen 6. Base para operar un cañón en la
cortina Norte del San Julián.
El 2 de enero, El Calvario -principal apoyo de nuestra fortaleza- cayó en manos enemigas definitivamente -ya fue objeto de una "razia" el 31 de diciembre-. La defensa del San Julián se conoce como una de las más decididas, desplegando sobre las nuevas posiciones centralistas un gran fuego de metralla, pero que no consigue detener los esfuerzos por comenzar un nuevo asedio desde ese enclave el 3 de enero. La situación de la fortaleza era ya muy comprometida, pero su guarnición mantenía una férrea defensa y un duro castigo artillero sobre las posiciones enemigas. El 9 de enero se intentó, con apoyo de nuestra fortaleza, la reconquista del Calvario, sin éxito. 

Dos días más tarde, bajo condiciones poco esclarecidas, se rindió el Castillo de la Atalaya, comprometiendo muy seriamente la defensa de Cartagena, la cuál se apoyaba directamente en estos castillos. Finalmente, el 12 de enero la ciudad se rindió y las tropas centralistas comenzaron su ocupación. El San Julián es ocupado un día más tarde. 

Como anécdota, parece que en el momento de la ocupación centralista de la fortaleza, se encontraron misivas que solicitaban al gobierno de Estados Unidos de América la inclusión de Cartagena como un nuevo estado de la unión a cambio de protección militar. Estos supuestos originales se perdieron, por lo que probablemente nunca podremos saber a ciencia cierta si esto ocurrió realmente. Y como curiosidad, dicho sea de paso, en este enlace podemos ver una interesantísima ilustración francesa de 1874 sobre el asedio.


Imagen 7. A la izquierda podemos observar el San Julián en lo alto de su monte, viendo su avanzado
estado de construcción en 1873. Font i Vidal, J (sin fecha) Combate naval de
Cartagena (11 de octubre de 1873)

Este asedio fue la prueba, así como el "bautismo de fuego" de la fortaleza, que demostró sobradamente su capacidad y el acierto de su construcción. No solo no fue tomada, sino que resistió con gran efectividad los envites que el ejército centralista realizaba por casi cualquier dirección, y su fuego puso en peligro a cualquier centralista que se acercara a la zona. Por lo que hablan las fuentes primarias de aquellos años, parece además que la construcción sufrió pocos daños y bajas, seguramente debido a su gran altura respecto a las zonas de alrededor. Esto dificultaría mucho el alcance de la artillería enemiga, por eso la necesidad gubernamental de tomar El Calvario.

No podemos negar el importantísimo papel de este castillo y que sin duda justificó su construcción. Pérez Crespo comenta que tanto el San Julián como el Atalaya eran imposibles de conquistar siempre y cuando tuvieran una guarnición decidida a la defensa, debido a las condiciones geográficas de sus ubicaciones, así como de acceso. El asedio debería haber durado más para demostrar totalmente esta tesis, sin embargo es cierto que este frente -podríamos denominarlo frente exterior o de los castillos- no se derrumbó hasta la rendición unilateral de Atalaya, cuando el frente Norte de la ciudad ya se había derrumbado hasta el punto de que los barrios de Dolores y San Antón estaban en manos centralistas.

*Actualización: la siguiente entrada sobre la historia del San Julián hasta inicios del siglo XX podemos verla ya aquí.


Fuentes:

  • Guillermo Guimaraens Igual (2007). El último hálito de la fortificación abaluartada. El fuerte de San Julián de Cartagena. Universidad de Valencia.
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 588-589.
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
  • Pérez Crespo, A (1990) El cantón murciano. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia. http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-canton-murciano--0/
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. 


Imágenes:
*El resto de imágenes son de autoría propia y de uso libre

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Historias del San Julián: primera mitad del siglo XIX.



Infografía de autoría propia.

Imagen 1. Vista del mar desde la cima del monte San Julián.
A la izquierda, el puerto moderno de Escombreras.
Pese a ser un castillo tan tardío como hemos podido ver, el San Julián, o el emplazamiento de este, ha tenido una vida llena de acontecimientos de relevancia. Al igual que con el tema sobre la construcción de la fortaleza, considero demasiado largo para un sólo artículo tratar todos estos hitos históricos, así que los he dividido en varias entregas. Esta primera hablará de los acontecimientos acaecidos desde inicios del siglo XIX hasta el asedio de Cartagena de 1844 tras la rebelión progresista de ese año. Hay que aclarar que comenzamos ya en el siglo XIX debido a que desde estos años hacia atrás, su posición es prácticamente irrelevante en los hechos históricos.

Como ya sabemos, en los primeros años del siglo, la cumbre del monte San Julián no era la poderosa fortificación abaluartada que es hoy día. Las preocupaciones militares estaban hasta estos años en otros temas y la ubicación se hallaba es un estado entre el abandono y cierta necesidad de mantener un puesto armado y ocupado por soldados. Así, siempre existiría algún tipo de fortificación en la zona.

Imagen 2. Control territorial sobre el Este de la ciudad y el
Campo de Cartagena. 
Nos cuenta Guimaraens que la posición fue desartillada en junio de 1808, un mes después de la invasión francesa de España, ante el miedo a que esta -con su potencia artillera- cayera a manos enemigas debido a la falta de soldados que pudiesen defenderlo in situ. Cartagena estaba en estado de alerta debido a las derrotas militares contra la Grande Armée y todas las fuentes consultadas hablan de un gran esfuerzo por perfeccionar las defensas terrestres de la ciudad. En los informes militares de estos años podemos ver como las preocupaciones sobre el San Julián que ya tenían recorrido de décadas, se afianzaron. Las fuerzas francesas y afrancesadas nunca llegaron a atacar la ciudad, por lo que no se pudo poner a prueba estas defensas. Pocos años después, acercándose el final de la guerra, la posición debió ser artillada de nuevo, tras la intervención británica que sabemos que tuvo lugar hacia 1812 y en la que muy posiblemente se construyera la torre circular que hoy día se conserva dentro de la estructura de la fortificación.

Tras el fin de la guerra en 1814 hubo unos años tranquilos. Sabemos que Cartagena entró en declive y durante los siguientes años no tuvo una historia demasiado agitada, exceptuando las acciones militares del Trienio Liberal de 1820-1823, y especialmente la invasión de los Cien Mil Hijos de San 
Luis, que pone punto final a la experiencia reformista. Cartagena fue la última ciudad en caer ante las tropas francesas. Y aunque esto no fue determinante, las acciones ofensivas sobre Cartagena valieron para reforzar aún más las tesis de la necesidad de construir una fortificación poderosa en la cima del San Julián. 


Imagen 3. Vistas de la bahía.

Hay que dejar pasar casi dos décadas de historia más para ver otro acontecimiento relevante acaecido en el San Julián. Hablamos de la rebelión cartagenera iniciada el 1 de febrero de 1844. Egea Bruno nos recuerda el estado de sería crisis de la ciudad a lo largo de esta mitad del siglo XIX y que provoca un caldo de cultivo para un cíclico estallido social. De hecho, tan sólo un año antes había acontecido otra insurrección de la ciudad. El pronunciamiento iniciado por un sector del ejército destinado en la ciudad -y que siguió al levantamiento de Alicante tes días antes- fue prontamente seguido por el resto de soldados y las clases bajas de la ciudad, arruinadas. A continuación siguió un movimiento descabezado y que avanzaba sobre la marcha, esperando la respuesta gubernamental. 

La situación generalizada de rebelión militar fue contenida con éxito por el gobierno moderado. El 4 de marzo del mismo año, los sitiadores de Cartagena, que dominaban el teatro de operaciones manteniendo en jaque a Alicante y bloqueado el puerto murciano, se disponían a iniciar un avance militar por el frente de Escombreras. Ese día comenzó el primer gran enfrentamiento militar alrededor del monte San Julián, del cuál ya hemos explicado en artículos anteriores su importancia estratégica en los frentes de Escombreras-Santa Lucía.  Las tropas sitiadoras avanzaron por el valle de Escombreras obligando a los insurrectos a retirarse hasta el monte San Julián. Allí intentaron realizar una última defensa del frente de Escombreras aprovechando las buenas condiciones de defensa que ofrecía según cuenta el general a cargo de la ofensiva, De La Concha, citado por Rubio Paredes. 



Imagen 4. El puerto de Escombreras desde la batería del General Ordóñez.

Los defensores, al mando del general Ruíz Martínez decidieron tras los acontecimientos artillar la cumbre del monte con una Colisa -cañón montado sobre una plataforma que gira- para poder prestar apoyo artillero a la defensa en los alrededores del enclave. Es muy probable, aunque no se sabe con certeza, que el intento de instalación del arma en las alturas de aquél monte provocara un enfrentamiento militar entre sitiadores -que no podían permitir ni la rotura del cerco militar ni mucho menos la instalación de una "batería" que amenazara sus posiciones en Escombreras- y sitiados, cuya llegada e instalación de la Colisa supondría a buen seguro un golpe de moral al conseguir una victoria táctica de relevancia. 



Imagen 5. Vista del frente montañoso que protege San Julián
de ataques desde tierra. 
Personalmente opino que este enfrentamiento debió ocurrir, debido a que es poco probable que los sitiadores abandonaran tan importante posición, que debía ser reconquistada por los defensores por necesidades obvias de la defensa de la plaza. También podría darse el caso de quedar la ubicación en tierra de nadie, y ante la venida de las tropas alzadas, los gubernamentales decidieran intentar evitar la operación. En cualquier caso, los sitiados consiguieron su objetivo de artillar la cumbre, causando una severa derrota táctica a los sitiadores y facilitando la defensa de la ciudad. Pero esto no fue suficiente para impedir la caída de esta.

Hay que destacar que por estos años, pese a no estar aún construido el definitivo castillo, las fuentes primarias hablan del "Castillo de San Julián", cuando en principio no debería existir nada en esa localización más allá de la torre circular inglesa y una pequeña disposición de armas y fortificaciones puntuales de campaña. Por ejemplo, en 1845 el coronel jefe de Ingenieros de Cartagena, citado por Iniesta SanMartín y Martínez López, habla de la cumbre del San Julián dejando ver que existía alguna fortificación:


"...una especie de terraza sencilla, dirigiendo todos sus fuegos a la parte de tierra, con su foso, explanadas y merlones en su parapeto cerrado por la gola con un muro sencillo; se construyó un camino que desde dicho fuerte baja al mar"

Coincido con los autores que analizan este hecho, en que debieron referirse a la torre, pero además creo que la referencia del enclave como castillo no responde sino también a una intención de igualar estratégicamente esta posición con las del castillo de Galeras o el de la Atalaya. También podría ser simple "pereza" de nombrar de forma distinta esta construcción.

Estos años son de grandes cambios militares, tanto en las formas como en el fondo. Los hechos históricos aquí contados no hacen más que reafirmar la necesidad de construir una fortificación en San Julián, dentro de un plan general de reorganización, adaptación, o actualización del estado de la defensa. Si hasta ahora esta posición era poco relevante para el atacante y para el defensor, ahora ambos están descubriendo las capacidades militares que puede ofrecer.

*Actualización: la historia del San Julián continúa en un siguiente artículo sobre la Guerra Cantonal de 1873-1874.


Fuentes:
  • Egea Bruno, P M (1995) Los motines cartageneros de febrero-marzo de 1844. Murgetana. Nº91. Págs: 57-67. 
  • Guillermo Guimaraens Igual (2007). El último hálito de la fortificación abaluartada. El fuerte de San Julián de Cartagena. Universidad de Valencia.
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 127-129, 588-589.
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. 
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
  • Rubio Paredes, J M (2007) El levantamiento progresista de 1844 en Cartagena. Cartagena Histórica Nº33. https://archivo.cartagena.es/gestion/documentos/19770.pdf
*Todas las imágenes son de producción propia y de uso libre.

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Funciones de la fortaleza dentro del sistema defensivo decimonónico de Cartagena


Ya hemos hablado en los anteriores artículos sobre las funciones del castillo, pero ahora nos vamos a centrar en analizar detenidamente estas cuestiones. Vamos en este artículo a analizar los porqués y los objetivos de estas funciones militares. Vamos a hacernos una pregunta antes de seguir leyendo: ¿El castillo de San Julián fue realmente útil? Vamos a intentar responder lo más acertadamente posible, usando principalmente los datos que hemos visto hasta ahora.


Elaboración propia.

Vamos a desarrollar las funciones comentadas en la imagen:

Imagen 1. Rubén Sánchez (2013) Castillo De San Julián
Cartagena Murcia.
En cuanto al control territorial, sabemos que el castillo se sitúa en el monte más alto del margen oriental de la bocana, y uno de los más altos de Cartagena. No sólo eso, sino que los montes de su alrededor son mucho más bajos. Esto le da a nuestra fortaleza una capacidad de control territorial y de avistamiento única en este sector de la defensa, como podemos ver en la imagen. 

Esta condición, como sabemos, fue aprovechada siglos atrás de la construcción de la fortaleza, con un puesto de vigía del que no sabemos el momento de su establecimiento. Con señales de humo se avisaba a la ciudad de la llegada de tropas enemigas, que podían ser avistadas en toda la bahía de Escombreras, así como la bocana e incluso la zona occidental de la bocana y el mar abierto -función que compartía con el castillo de Galeras-, pero además el dominio visual sobre el Campo de Cartagena y Escombreras es absoluto. La construcción de la fortaleza podría reforzar las funciones de vigía, al permitir un mayor número de soldados instalados en la ubicación y unas mejores instalaciones para la tarea.

Imagen 2. Murcianboy (2007) Castillo de San Julián,
Cartagena (España)
En cuanto a la necesidad de evitar el aprovechamiento enemigo del monte, esto fue uno de los puntos principales en la defensa por parte de los ingenieros militares de finales del siglo XVIII y principios del XIX para la construcción de la fortaleza. Hasta el levantamiento de la plaza fuerte, un ataque enemigo que rompiera las defensas costeras tendría relativamente fácil la conquista del monte. Sin embargo, esta visión estratégica no se dio hasta el siglo XVIII, debido a las tácticas militares acontecidas en los siglos precedentes, y el estado del avance en armamento


No es descabellado pensar que hasta el siglo XVIII ningún enemigo podría pensar en un ataque a Cartagena comenzando por un desembarco en la costa oriental. Hasta inicios de este siglo la defensa de la ciudad se hallaba en precarias condiciones, denunciadas por los ingenieros militares y la propia localidad de Cartagena. Los turcos demostraron la facilidad de llegar a las puertas de la ciudad en su desembarco del día de Santa Mónica en 1561 a través de la Algameca -buscando el arrabal-. De ataques como estos se aprendió, reforzando la defensa de la zona, aunque por ejemplo, el Castillo de Galeras no se construiría hasta 200 años después. 


Esta situación cambió con el desarrollo defensivo del margen occidental en el siglo XVIII. A buen seguro esto sería una motivación para defensores y atacantes. Los primeros por poder, ahora, destinar más recursos a esta zona menos protegida, los segundos por buscar puntos débiles en la defensa de la plaza. La solución que se dió fue la construcción de baterías como la de Santa Ana Acasamatada -esta primero como fortín- en la costa oriental de la bocana, una zona de fácil desembarco. 


Con el avance militar, décadas después se empezó a pensar en la posibilidad de ver rebasadas estas defensas en caso de un ataque contundente. Entonces se empezó a proponer la construcción de nuestro castillo. El Plan O'Donell de 1860 contemplaba la facilidad con la que un enemigo podría tomar la posición sin el castillo. En este caso podrían ser utilizadas contra la ciudad algunas de las baterías de costa, así como la propia cima. Pero con una fortificación sólida en la altura se podría retener y frustrar los planes enemigos.


Imagen 3. Rubén Sánchez (2013) Castillo de San Julián
Cartagena.

Esto nos lleva a enlazar la siguiente cuestión, que es la función para albergar tropas regularmente. En el Informe Medina de 1860 se comentaba mantener hasta 800 soldados de forma permanente en la construcción. Hoy día es una cantidad muy importante de soldados, pero en el siglo XIX lo era notablemente más. ¿Por que tantos soldados? Pues para garantizar la defensa de este enclave estratégico, y para apoyar activa y decisivamente a las defensas de costa. 

Una fortaleza capaz de dar cabida a cientos de soldados permitiría la existencia de un punto avanzado en la defensa, con la capacidad suficiente como para lidiar con cualquier ataque enemigo que pudiera darse en margen oriental de la ciudad. Así mismo sería capaz de defenderse de un asalto enemigo, pudiendo destinar soldados tanto al combate "cuerpo a cuerpo" como al uso de los cañones. 


Atendiendo a la estrategia militar, es de primer orden el establecimiento de un puesto con esta capacidad de infantería. Algo básico en la defensa: abundantes soldados.


En cuanto a la defensa de Santa Lucía, así como su control territorial, eran unas necesidades inmediatas en el siglo XIX. En el crecimiento exponencial de la ciudad de Cartagena desde hacía siglos (sin mencionar la crisis de inicios del siglo XIX) se habían construido barrios y zonas residenciales fuera de la estructura de defensa, en especial fuera de los muros. 

Vista de Cartagena desde el San Julián, donde destacamos la proximidad de Santa Lucía. Original de Peñalver, A (sin fecha).
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Santa Lucía creció desde el siglo XVII, pero de forma limitada. A mediados del siglo XIX el barrio se convirtió en una zona de importante poder y prestigio, símbolo de esto su experiencia fallida como municipio propio entre 1842-1843. En la actualidad quedan registros arqueológicos en forma de viviendas de aquel siglo, que nos demuestran el poder económico de muchos habitantes del barrio. Es natural que este hecho impulsara junto con las demás necesidades la construcción de la fortaleza. Un camino que conecta directamente el barrio con la fortaleza demuestra también esta necesidad de defensa.

Esta misma situación comentada, un siglo antes hubiese supuesto la ampliación de la muralla -como se procedió entre 1771 y 1786. Pero en pleno siglo XIX esta construcción defensiva había quedado totalmente desfasada y testigo de la historia. Es muy probable además que muchas casas del propio barrio de Santa Lucía se construyeran con materiales robados a la muralla, como nos cuentan fuentes orales de la ciudad. 

Por otro lado, el apoyo a las baterías costeras del margen oriental fue siempre uno de los objetivos más deseados por los defensores de la construcción de la fortaleza. Los soldados apostados en la cima del monte podrían acudir rápidamente al socorro de las baterías existentes en las posiciones inferiores. Esta misión recorrería el camino antiguo por la ladera Oeste del monte y que conecta con Trincabotijas. Camino que además fue construido para el paso de vehículos ligeros y caballería para tal fin.

El apoyo artillero también es importante en este caso. Ya hemos visto en un artículo anterior que la batería de la fortaleza acabó teniendo un número importante de cañones, si bien no todos los que se proyectaron en un inicio. Es difícil pensar en un apoyo efectivo al ataque de buques enemigos situados en aguas profundas, aunque el desarrollo artillero del siglo XIX lo haría posible. Pero es más fácil pensar en un apoyo artillero desde el San Julián a las posibles batallas de tierra. Me imagino el fuerte de Santa Ana asaltado por tropas británicas bajo el fuego de los cañones del San Julián. Una imagen que por suerte no hemos podido ver.

Plano de Cartagena y sus defensas costeras en el siglo XX. En naranja la localización del San Julián en la parte superior central. Original de Aforca. Autor desconocido. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm

Por último, el importante el papel del San Julián en los planes de reforzamiento de las defensas de Cartagena lo hemos podido comprobar en el resto de puntos. La fortificación del San Julián era una necesidad desde todas las perspectivas en el siglo XIX e incluso podría decir que antes. Mantener los combates fuera del área urbana era uno de las principales tareas de la fortaleza en este sentido.

Esta construcción sigue el inevitable desarrollo histórico de los planes defensivos de la plaza fuerte, dotada de un arsenal y siendo base permanente de la flota mediterránea desde el siglo XVII: reforzar cada vez más la defensa, cubriendo los puntos débiles y reforzando los ya cubiertos constantemente. Una línea histórica quebrada tras la Segunda Guerra Mundial, con el comienzo del desmantelamiento de algunos elementos de la defensa. 

Con todos los datos aportados podemos concluir en que el castillo de San Julián era de una utilidad de importante orden. No obstante, esta utilidad estaba quedando desfasada incluso antes de construirse, debido al imparable avance de la tecnología y estrategia militar. 

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