Mostrando entradas con la etiqueta Artillería. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artillería. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: decadencia y abandono en el siglo XX.

*Este artículo es la cuarta parte de una serie de entregas sobre el desarrollo histórico de la fortaleza de San Julián. Recomiendo leer los tres primeros, cuyos enlaces dispongo a continuación: primera partesegunda parte y tercera parte.

Imagen 1. Foto hacia la fortaleza de San Julián desde la batería General Ordóñez. El terreno lleno
de árboles y vegetación, en un estado descuidado puede ser una buena metáfora de lo que vamos a ver.

Como veníamos comentando al final del último artículo, la fortaleza de San Julián sufrió una mutación en el primer tercio del siglo XX de baluarte defensivo de primera línea a una simple construcción de carácter de almacén y cuartel, además de prisión militar. Este proceso no fue rápido ni total, pues sus baterías seguían estando en activo. Este proceso no es más que parte del proceso general de reestructuración de las defensas cartageneras, que se centran más que nunca en la costa -cuya máxima prueba en el sentido de este blog es la construcción de la batería General Ordoñez, cuyos cañones podían apuntar y apuntaban tan sólo al mar. A priori este proceso le daría mayor importancia al San Julián, así como Galeras y Atalaya. Pero ya en el artículo anterior comentamos las piezas claves y últimas en la pérdida de importancia del San Julián, las mismas para los otros castillos.

Imagen 2. Flanco Oriental del alcance de la batería General Ordóñez.

Paulatina desaparición del San Julián en los planes militares:

La situación del castillo se convierte casi en despreciable para la organización de la defensa. Así, por ejemplo, en el Plan de Defensas de Costas de 1912 no figura ninguna actuación sobre esta construcción. En estos años el buque acorazado, con cañones de más de 300 mm, está llegando a su apogeo, poniendo en apuros cualquier defensa costera que no se adaptara rápido a la capacidad destructiva de estas fortalezas flotantes. Los cañones más poderosos de Cartagena en estos años tenían un alcance de 12 km y una velocidad de proyectil muy lenta, siendo ya ampliamente superados por una flota enemiga de vanguardia. Era de prioridad inmediata revertir esta situación.

Parece que lo alto del San Julián, especialmente la fortaleza, ya no servía para este tipo de guerra. Es muy posible que no se pensara en esta ubicación debido a que la batería General Ordóñez ya podía cumplir más o menos con este objetivo, aunque sus baterías de 200 mm no podrían detener a los buques más pesados. Sin embargo, podría prestar apoyo a la batalla colocando su fuego entre los cañones mayores. Pero la fortaleza no estaba preparada ni mucho menos para alojar en ella cañones tan grandes -por eso se construyó la batería anexa-. Y ya no merecía la pena gastar grandes cantidades de dinero en su remodelación.

Imagen 3. Plano de las defensas de Cartagena en el primer tercio del siglo XX. Aforca.

Durante estos años el servicio logístico de la fortaleza se hace notar en ejemplos como el alojamiento de tropas del 2º batallón del Regimiento de Infantería “España" en su regreso de Marruecos -inmerso en la Guerra del Rif- en 1922. Esto nos demuestra también la capacidad del castillo, pues en un batallón estamos hablando de cientos de hombres, posiblemente más de mil.

La posición del San Julián también fue obviada del Plan de Artillado de los Frentes Marítimos de 1926, que por otro lado no llegó a realizarse. También se obvió del denominado Despliegue Vickers de baterías antiaéreas que se llevó a cabo durante la dictadura de Primo de Rivera y la II República. Este despliegue se hizo en las modernas baterías de Jorel, Parajola, Aguilones y la Chapa, todas construidas en el siglo XX.

En los años 1930 era más que evidente el desfase del San Julián, especialmente con la construcción de las baterías de Cenizas y Castillitos, artilladas con poderosísimos cañones de 381 mm y un alcance de 35 kilómetros, de marca Vickers también. Estos cañones volvían a dar seguridad a la plaza de Cartagena ante posibles ataques de los más modernos acorazados de estos años. Las comparaciones con los cañones de 150 mm con los que se artilló originalmente nuestra fortaleza pueden ser odiosas.

Imagen 4. Despliegue Vickers de cañones en la década de 1930
y el alcance artillero de cada batería. Aforca.
Prisión militar:

Con todo esto, vemos que la función principal del San Julián no podía ser otra ya que la de prisión militar: una zona aislada, de complicado acceso y difícil escape, así como grandes zonas libres de otros usos.

Imagen 5. González Carrasco, sentado el tercero por la
izquierda. Limpia.centro.eu.com.
Durante la II República, nuestro castillo está catalogado oficialmente como prisión militar -Egea Bruno, 4-. El primer gran ejemplo de ello lo tenemos en enero de 1934, cuando algunos de los principales promotores del Golpe de Estado de Sanjurjo en 1932 llegan para cumplir condena dentro de los muros. Son amnistiados en abril del mismo año. En mayo entra a cumplir otra breve condena otro militar conspirador contra la república: Manuel González Carrasco, el cuál lideraría el intento de golpe de estado de julio de 1936 sin éxito en Valencia.

En octubre de 1934 se produjo la Huelga General Revolucionaria contra el gobierno radical-cedista. Este intento revolucionario fallido en todo el país produjo una severa represión, que llenó las cárceles. El San Julián se llenó de militares encarcelados, tras un breve espacio de tiempo en que los reos fueron reduciéndose en número. Llegaron a la fortificación presos de todo el país a partir de enero de 1935, militares como Juan Ricart March y policías como Gabriel Torrens Llombart -colaboró con la revolución en Asturias-.

En enero de 1936 algunos presos del San Julián se declararon en huelga de hambre para denunciar la causa de un aviador condenado a tres años en el castillo por motivos de “aberración moral”. El caso trasciende y agrupaciones socialistas de la ciudad llegan a presionar al alcalde para que tome cartas en el asunto. Este se limita al principio en intentar que los presos detengan la huelga de hambre. Ante la presión del alargamiento de esta situación, el alcalde acabó escribiendo al ministro de Justicia, que sumada a la presión popular, ordenó la aplicación de una amnistía. Sin embargo a finales de marzo aún hay noticias de reclamaciones de liberación de presos.

Últimos "servicios" militares:

Como curiosidad, y como prueba de la capacidad de avistamiento desde el San Julián, fue desde esta posición donde se avistó por primera vez la venida de la 206 brigada en la noche del 5 de marzo de 1939. Estos soldados llegaban para sofocar la rebelión de la ciudad contra la república y a favor de los alzados en el contexto de la Guerra Civil Española (1936-1939).

Imagen 6. Destructor Almirante Valdés, uno de los que
huyeron de Cartagena. Por Basilio.
También, en estos días de incertidumbre sobre el control de la ciudad, recibió la fortaleza la orden de disparar contra la flota republicana amarrada en el puerto si esta no marchaba -prefería el generalato republicano hundirla a que cayese en manos franquistas-. Esto nos muestra que aún estaba preparada la fortaleza para presentar batalla, aunque su armamento y pertrechos no estuviesen actualizados. Sin embargo, la intención última de los elementos franquistas en esta acción fue dejar a la República sin flota -esta huyó a Túnez, donde las fuerzas francesas la entregaron a Franco- para despojar a la ciudad de su principal defensa, que ya no eran los castillos.

Tras la Guerra Civil:

Tras la guerra, el San Julián continuó su papel como prisión militar. En los documentos de la época aparece como parte del Campo de Concentración de Cartagena, siendo uno de los 11 campos de concentración de la provincia. Se convirtió así en un baluarte de la represión franquista tras la caída de la ciudad en manos de los alzados contra la república.

En 1947, con la nueva denominación de C-6, el castillo de San Julián es apartado definitivamente de la defensa de costa. A partir de este momento es cuando realmente su única función es la de prisión militar. Su dirección recae en el Gobierno Militar de Cartagena. Sin embargo, no será desarmado hasta 1960.

Su historia desde entonces ha sido muy monótona, Guimaraens ha realizado un estupendo trabajo de sintetización por años de los acontecimientos del San Julián desde la Guerra Civil hasta casi la actualidad. Tenemos documentos de reparaciones de averías y de desperfectos causados por el paso del tiempo, informes sobre el estado de la construcción, estudios para probar las posibilidades del castillo como prisión para cierto tipo de prisioneros militares concretos, etc. Pero no existe ningún acontecimiento de relevancia durante la Dictadura Franquista (1939-1975) más allá de un proyecto no ejecutado de readecuación de la construcción por valor de 4.060.000 pesetas en 1968, así como la instalación de una antena de RNE y TVE en 1970.

Abandono definitivo:

Durante la Transición (1975-1982) podemos destacar hechos como las mejoras en instalación eléctrica, la demolición de una cocina exterior a la fortificación y el choque entre el Gobierno Militar -propietario del castillo- y Peñarroya, que realiza un amojonamiento dentro del recinto del foso del castillo.

Imagen 7. Tejero tomando como
rehenes a los diputados en el 23F.
Destaca el hecho de la condena a Antonio Tejero por el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981. Esta fue de treinta años a cumplir en el castillo de San Julián. Sin embargo, el golpista nunca llegó a pisar esta construcción, pues se alegó su mal estado de conservación para seguir actuando de prisión militar. Tejero tuvo que cumplir condena en otra prisión.

En los años posteriores se denota un abandono mayor de las instalaciones. A finales de los años 80 sólo encontramos noticias como la de la instalación de un repetidor de VHF para la Policía Militar. También tenemos por estos años los proyectos de cimentación y levantamiento de las torres de antenas que podemos ver hoy día.

Imagen 8. Vistas del mar desde el San Julián, así como de muchas de sus antenas instaladas.

El golpe de gracia al ya semiabandonado San Julián fue el Plan Norte. Este reorganizaba todo el ejército a nivel nacional, suponiendo el fin del despliegue militar ocupando el territorio nacional, y su reagrupación en cuarteles. En Cartagena supone el fin de la Artillería de Costa y la disolución del Gobierno Militar de la ciudad y de las unidades militares desplegadas en Cartagena entre 1995-96. En última instancia, se produjo el abandono completo o casi completo de todas las instalaciones militares de la defensa costera, incluido el San Julián. En 1995 la propiedad del castillo pasaría del Ministerio de Defensa a Telefónica -actual propietaria-, debido al interés estratégico que tiene en telecomunicaciones. Hasta la actualidad no han existido acontecimientos de relevancia.

Fuentes:
  • Desconocido (2004) Baterías Vickers de 105/45 A. A. http://www.aforca.org/vikers_105_45f.htm
  • Desconocido (2004) Baterías Vickers de 38.1. Aforca. http://www.aforca.org/vikers_38_1f.htm
  • Desconocido (2004) Patrimonio. Arquitectura militar en Cartagena. Edad Comtemporánea. Siglo XX. Aforca. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm
  • Egea Bruno, P M (2011) La amnistía de febrero de 1936 en Cartagena: verdad y versión. Aproximación a las claves de un proceso de mixtificación política. Espacio, tiempo y forma. Serie V, historia contemporánea. Págs: 221-242.
  • González, M (1993) El 'Plan Norte' del Ejercito suprime todas las capitanías y disuelve sus cinco divisiones. Artículo de prensa recuperado digitalmente en: https://elpais.com/diario/1993/03/05/espana/731286025_850215.html
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Pág. 589.
  • Santaella Pascual, F (sin fecha) El artillado del frente marítimo de la base naval de Cartagena como consecuencia de los buques acorazados. Cartagena Histórica, cuaderno monográfico Nº 3.
Imágenes:

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: de la Guerra Cantonal a principios del siglo XX.

*Es recomendable leer los dos primeros artículos dedicados a la historia del San Julián. El primero podemos leerlo aquí y el segundo aquí.
Imagen 1. Interior de la fortaleza.
Tras el asedio de Cartagena de 1873-1874 el castillo de San Julián cumplió con éxito la única tarea de relevancia real que tendría en su historia como poderosa fortificación en servicio militar. En opinión de Guimaraens, y compartida por mí, parece que el castillo no debió de ser muy dañado durante la batalla, pues las menciones de las fuentes primarias en este sentido son muy escasas y breves. Sabemos que hubo obras de reparación de daños posteriormente, a buen seguro para reparar los daños que produciría la explosión accidental dentro de la fortificación que comentamos durante el asedio.

Obras de reparación y de construcción que se alargaron durante los años posteriores, pues ya sabemos que la construcción total de la fortaleza no acabó hasta 1888, como ya hemos comentado en un artículo previo. En junio de 1882 no obstante, se comunica al gobernador militar de Cartagena la conclusión de las obras y la instalación definitiva de la artillería de 210 mm, posterior a una instalada con anterioridad de 150 mm. Es posible que esta conclusión fuese sólo de lo necesario para poder instalar las baterías para su uso ordinario. También es posible que hubiese que reparar la fortificación tras la insurrección republicana de 1886, y por ello la Historiografía no de por concluida la construcción hasta el 88. Por otro lado, también es posible que estas obras se alarguen en un intento de readaptar el castillo a los nuevos tiempos militares. En cualquier caso, vamos a hablar de esta insurrección del 86, donde el San Julián tuvo un papel destacado.

Imagen 2. Plano del San Julián. Agoviz (Gómez Vizcaíno)

Insurrección de 1886:

Hemos podido ver ya a lo largo de los artículos de este blog el carácter combativo e insurrecto de la ciudad de Cartagena a lo largo del siglo XIX, apoyando siempre los movimientos progresistas. Tras la caída de la Primera República en 1874, en la ciudad había sobrevivido un apoyo fiel al republicanismo, que podemos ver en las siguientes décadas. Así, en la noche del 9 al 10 de enero de 1886, un grupo de soldados alzados tomaron el castillo por sorpresa. Era una acción llevada a cabo por la Asociación Republicana Militar, una organización clandestina que estaba investigada por el gobierno y los militares, pero que tuvo la ocasión de realizar varias insurrecciones como esta.

Imagen 3. La fortaleza vista desde la entrada marítima a
Escombreras. Núñez Sánchez.
Una de las cabezas visibles de esta insurrección fue Antonete Gálvez, uno de los líderes de la Rebelión Cantonal. Le fue ofrecido el puesto tras años de inactividad tras ser amnistiado de la pena de muerte impuesta en 1876. Su presencia fue mayormente simbólica.





El general a cargo de la plaza era un Fajardo, el cuál intentó establecer una solución pacífica a la insurrección. Primero se hicieron unas salvas de fusilería y un disparo de cañón a modo de advertencia que no fue respondida. Tras ello, se dirigió hacia la fortaleza el general con miembros de la Guardia Civil y fuerzas militares que habrían de tomar la construcción si fuera necesario. Al acercarse fueron todos recibidos hostilmente. De nada sirvieron las intenciones y amenazas del general, que acabó herido y tuvo que ser conducido a la ciudad en estado muy grave.

Pese a lo que podía parecer una victoria inicial -la caída del general al mando- los sublevados del San Julián pronto pudieron comprobar que nadie en la ciudad les secundaba. Viéndose solos y acorralados, aprovecharon la confusión de las tropas leales tras la retirada de su general para salir de la fortaleza y huir por mar en un buque mercante hasta Orán. Me resulta interesante imaginar las caras de los soldados cuando descubrieron que en el San Julián no quedaba nadie y todos habían huido prácticamente delante de ellos.

Imagen 4. Foto de Cartagena a finales del siglo XIX.
Obtenida por Cornell University Library.

Este es probablemente el último hecho acontecido en el San Julián por una alta valoración de su función militar estratégica -y ni siquiera había terminado su construcción-. No es casualidad que se eligiera esta fortificación, que ya mantuvo a raya a los enemigos centralistas en 1873-74, por lo que se veía como inexpugnable. Pero al igual que en enero de 1874, se necesita algo más que controlar las alturas para ganar la batalla. Por otro lado, la toma por sorpresa de la fortificación es algo que nos hace saltar las alarmas. Como apunta Guimaraens, además de una buena fortificación, se necesita en ella personal adecuado y suficiente para defenderla con eficacia, demostrado con este hecho.

Inicio de la decandencia:

Imagen 5. Cañón Krupp, posiblemente de mitad del siglo
XIX debido a sus escasas dimensiones comparadas
con otros más modernos. Giordanengo.
Desde 1871 el panorama internacional está viviendo la denominada Paz Armada, finalizada en 1914, una carrera armamentística entre las grandes potencias del mundo. Si hasta el momento el avance militar estaba siendo exponencial, este desarrollo rompe los límites del avance de la tecnología bélica, convirtiendo en desfasado lo que hace pocos años era la vanguardia militar. 

En pocos años las armas crecen de forma inimaginable, obligando a readaptar construcciones, instruir soldados, construir nuevos buques de guerra e instalaciones militares, usar nuevos y mejores materiales, etc. España no puede seguir esta carrera, pero a remolque de las superpotencias también empieza a mejorar sensiblemente sus defensas. Las miradas comienzan a centrarse en el poder de la artillería, que es tan fuerte ya que ninguna fortificación puede oponerse a ella. Es el fin de la fortificación abaluartada como hablamos en otro artículo, y por lo tanto, el fin de la vida realmente útil del San Julián, incluso antes de terminar su construcción.

Voladura accidental del San Julián:

Hasta 1898 no volvemos a tener algún acontecimiento de relevancia en la ubicación. En este caso no hablamos de una batalla ni de una insurrección, sino de una explosión accidental dentro de la construcción. La ciudad de Cartagena está más calmada y los ánimos revolucionarios de todo el siglo están algo más apagados. Lo que sucedía en este año era la Guerra Hispano-estadounidense, librada en ese año. Cartagena, como base de la flota y manteniendo el arsenal, se encontraba en estado de alerta ante un posible- y en mi opinión, muy poco probable- ataque estadounidense, así como posibles acciones de sabotaje de espías enemigos.

La declaración de guerra de Estados Unidos se hizo efectiva el 25 de abril. Tras esta, la ciudad de Cartagena comenzó una gran actividad para aprovisionar el esfuerzo de guerra y preparar sus defensas. Se repararon fortificaciones y se dispuso una labor de puesta a punto de las comunicaciones, armas y municiones. En este proceso -repaso del estado de las boquillas de los proyectiles almacenados- sucedió la explosión del polvorín del San Julián, sucedida a medio día del 20 de mayo, pudiendo escucharse por toda la ciudad. Explosionó el almacén de proyectiles de 150 mm y el taller de carga de al lado. En total, 13 toneladas de pólvora hicieron explosión. Podemos ver imágenes esclarecedoras del suceso en este PDF.

En el suceso murieron 11 personas y 62 quedaron heridas, afectando probablemente a todo aquel que se encontrara dentro de la fortificación en ese momento, pues la explosión debió ser cuanto menos, muy dura. De hecho, las crónicas del acontecimiento cuentan que llegaron escombros producto de la explosión a la batería de Trincabotijas, que se encontraba en proceso de reparación, y allí hirió a algunos obreros. La explosión fue tal que redujo a estado de ruina los dos baluartes de la zona Este. Las fotos que se conservan del hecho dejan ver un estado de destrucción que ningún bombardeo hubiese podido conseguir sin una permanencia en el tiempo alargada. También se dejó inoperativa la red de telegrafía con la que se comunicaba la ciudad.


Imagen 6. Interior del San Julián.

Paso a segundo plano en el siglo XX:

En los primeros años del siglo XX se amplía y mejora el camino para llegar al San Julián. La obra y su presupuesto fueron aprobados oficialmente en el 1900, terminándose esta en 1904 con la eliminación de obstáculos y la reducción de pendiente. El objetivo de fondo de esta obra era adecuar el camino a los nuevos tiempos, con la proliferación de vehículos y armas cada vez más grandes, pero especialmente para la construcción de una nueva batería al lado de nuestro castillo, que pudiera albergar mejores armas.

Y es que, como hemos comentado, la situación de la estrategia militar había dado un vuelco incluso antes de entrar el nuevo siglo. Uno de los grandes ejemplos de este cambio en Cartagena fue el derribo de gran parte de la muralla de Carlos III en el 1900, y la celebración de este hecho por parte de la población civil.  

Imagen 7. Batería del General Ordóñez.
Así, poco a poco el San Julián estaba siendo abandonado de sus funciones militares directas, hasta que en 1909 se construyó la batería General Ordóñez. A partir de este momento, las funciones de artillería serían cedidas a este, mientras que la fortaleza quedaría relegada a un papel de apoyo logístico a la batería.

La instalación de la primera antena de comunicaciones dentro de los muros del San Julián en el mismo año 1909 confirmó lo que venimos comentando. Además, la introducción del avión militar en estos años, con capacidad para bombardear objetivos complicados para la artillería fue también un elemento clave en este proceso. La fortaleza comenzó un camino agónico desde un pilar fortificado de la defensa de la ciudad hacia ser un edificio militar más, que serviría tan sólo como punto de almacenaje de alimentos, agua y municiones, así como de estancia para los soldados del General Ordóñez. Una función que ya tenía y que a lo largo del primer tercio del siglo XX va a desarrollar es la de prisión militar, de lo que hablaremos en un próximo artículo.

*Actualización: el último artículo sobre la historia del San Julián podemos verlo ya en esta dirección


Fuentes:

  • Cañabate Navarro, E (1967) Cartagena y sus antiguas defensas muradas. Athenas Ediciones. Cartagena. Colección Almarjal. Págs: 30-31.
  • Desconocido (2004) Patrimonio. Arquitectura militar en Cartagena. Edad Comtemporánea. Siglo XX. Aforca. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 588-589
  • Rolandi Sánchez-Solís, M (2009) La voladura accidental del castillo de San Julián de Cartagena en mayo de 1898. Cartagena Histórica Nº 32.  Págs: 4-13.
  • Salmerón Giménez, F J () Antonete Gálvez y las sublevaciones republicanas de Murcia y Cartagena. Revista C.E.H. Fray Pascual Salmerón. 


Imágenes:

sábado, 23 de noviembre de 2019

Sobre la fortificación abaluartada

Podemos ver que el castillo de San Julián presenta una planta de fortaleza abaluartada. Desde los primeros planes de fortificación del enclave, la fortificación abaluartada siempre ha sido la opción elegida para la construcción. Vamos a ver por qué.
Imagen 1. Podemos ver una vista magnífica los baluartes de la fortaleza rodeados en rojo. 
Agoviz (Gómez Vizcaíno).

Desde el siglo XVI este tipo de fortificación se impuso como respuesta al desarrollo de la artillería. Ya a finales del siglo XV el desarrollo de esta última obligó el replanteamiento del sistema defensivo. Las altas torres y murallas precedentes eran ya demasiado vulnerables a los disparos de cañones, por lo tanto, hubo que reducir su altura y modificar el plano que recibía los golpes de proyectil para resistirlos lo mejor posible. Así nació la fortificación abaluartada: una construcción generalmente poligonal, de líneas rectas que acababan en un ángulo cerrado que apuntaba siempre a la dirección del ataque enemigo -esto recuerda al blindaje inclinado de los tanques de combate, para hacer rebotar el proyectil enemigo-. 

El baluarte estaba preparado para tener artillería en su interior, especialmente en los salientes de la fortificación. Estos salientes estaban dispuestos de forma que en la defensa del perímetro más inmediato a sus muros, un fuego cruzado desde las posiciones defensivas dejara en una situación muy difícil al atacante. 

Sin embargo, viendo nuestro castillo vemos que su planta es irregular. Esto se debe a que sufrió muchas fases constructivas de planes distintos. La tardanza en su construcción provocó esta desigualdad entre las primeras zonas construidas y las últimas. Pero sí podemos ver que presenta las características más generales de una fortificación abaluartada. 

El sistema de abaluartamiento en el siglo XVI, se combinó pronto con la protección de un manto de tierra poco compactada, debido a su resistencia frente a los ataques de artillería. Así podemos verlo con el caso de la muralla de Felipe II, con baluartes a lo largo de su recorrido. El principal problema de este revestimiento, como podemos ver también en esta muralla. Sabemos que pocos años después de la construcción de la muralla, el concejo ya estaba pidiendo revestirla de un material más resistente a los agentes atmosféricos, lo cual acabó llevándose a cabo.

Imagen 2. Representación del baluarte de una muralla. Imagen de Scott Foresman (2007) Dibujo de un bastión.

Hay que atender al hecho de que la posición del San Julián se consideraba inexpugnable. Debemos preguntarnos entonces la necesidad de construir la fortificación en forma de baluarte, lo cuál es más costoso. Según Guimaraens, la respuesta a esta cuestión está en la defensa de flanco y la intención de aprovechar el fuego cruzado que se puede dar en gran parte del sistema defensivo de Cartagena. Además, ante una posible ofensiva de soldados enemigos a la posición, esta sería mucho mejor defendida con el sistema abaluartado.

Como ya hemos comentado anteriormente, el castillo de San Julián se terminó de construir ya desfasado. A finales del siglo XIX el abaluartamiento comenzaba lentamente su agónica decadencia. El desarrollo de nuevas técnicas militares, con ejércitos cada vez más especializados y una potencia de fuego que no hacía sino aumentar exponencialmente desde hacía siglos, estaba convirtiendo poco a poco estas estructuras defensivas tan grandes -sí, pese a reducir el tamaño desde la Edad Media- en fáciles dianas. Especialmente armas como el famoso cañón Krupp de mediados del siglo XIX, comenzaron a obligar nuevamente a replantearse los sistemas defensivos. Es por ello por lo que es difícil de entender por que el San Julián acabó siendo construido de esta forma. Quizá se priorizó una simple defensa de una ubicación cuyo asalto se pensaba difícil para el enemigo.

Este castillo representa por todo lo dicho el final de una etapa de varios siglos del desarrollo de la defensa militar. Es el último castillo de Europa y el último baluarte. La completa decadencia de este sistema defensivo se dio con el “golpe de gracia” de la aparición de los primeros aviones de combate en la Primera Guerra Mundial, para los cuáles una fortificación abaluartada era un objetivo muy fácil. De esta manera, la defensa volvió a mutar hacia sistemas más pequeños y escondidos en la medida de lo posible. Esto lo podemos ver por ejemplo en la Batería de Cenizas, construida medio siglo después.

Fuentes:
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 127-129, 588-589.
  • Martínez et alii... (2014) Las defensas de la Cartagena renacentista: evidencias arqueológicas recientes de las murallas de Carlos I y Felipe II. Anales de Prehistoria y Arqueología. Págs 180-202.
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. Págs 25-60.
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
Imágenes:

miércoles, 20 de noviembre de 2019

Funciones de la fortaleza dentro del sistema defensivo decimonónico de Cartagena


Ya hemos hablado en los anteriores artículos sobre las funciones del castillo, pero ahora nos vamos a centrar en analizar detenidamente estas cuestiones. Vamos en este artículo a analizar los porqués y los objetivos de estas funciones militares. Vamos a hacernos una pregunta antes de seguir leyendo: ¿El castillo de San Julián fue realmente útil? Vamos a intentar responder lo más acertadamente posible, usando principalmente los datos que hemos visto hasta ahora.


Elaboración propia.

Vamos a desarrollar las funciones comentadas en la imagen:

Imagen 1. Rubén Sánchez (2013) Castillo De San Julián
Cartagena Murcia.
En cuanto al control territorial, sabemos que el castillo se sitúa en el monte más alto del margen oriental de la bocana, y uno de los más altos de Cartagena. No sólo eso, sino que los montes de su alrededor son mucho más bajos. Esto le da a nuestra fortaleza una capacidad de control territorial y de avistamiento única en este sector de la defensa, como podemos ver en la imagen. 

Esta condición, como sabemos, fue aprovechada siglos atrás de la construcción de la fortaleza, con un puesto de vigía del que no sabemos el momento de su establecimiento. Con señales de humo se avisaba a la ciudad de la llegada de tropas enemigas, que podían ser avistadas en toda la bahía de Escombreras, así como la bocana e incluso la zona occidental de la bocana y el mar abierto -función que compartía con el castillo de Galeras-, pero además el dominio visual sobre el Campo de Cartagena y Escombreras es absoluto. La construcción de la fortaleza podría reforzar las funciones de vigía, al permitir un mayor número de soldados instalados en la ubicación y unas mejores instalaciones para la tarea.

Imagen 2. Murcianboy (2007) Castillo de San Julián,
Cartagena (España)
En cuanto a la necesidad de evitar el aprovechamiento enemigo del monte, esto fue uno de los puntos principales en la defensa por parte de los ingenieros militares de finales del siglo XVIII y principios del XIX para la construcción de la fortaleza. Hasta el levantamiento de la plaza fuerte, un ataque enemigo que rompiera las defensas costeras tendría relativamente fácil la conquista del monte. Sin embargo, esta visión estratégica no se dio hasta el siglo XVIII, debido a las tácticas militares acontecidas en los siglos precedentes, y el estado del avance en armamento


No es descabellado pensar que hasta el siglo XVIII ningún enemigo podría pensar en un ataque a Cartagena comenzando por un desembarco en la costa oriental. Hasta inicios de este siglo la defensa de la ciudad se hallaba en precarias condiciones, denunciadas por los ingenieros militares y la propia localidad de Cartagena. Los turcos demostraron la facilidad de llegar a las puertas de la ciudad en su desembarco del día de Santa Mónica en 1561 a través de la Algameca -buscando el arrabal-. De ataques como estos se aprendió, reforzando la defensa de la zona, aunque por ejemplo, el Castillo de Galeras no se construiría hasta 200 años después. 


Esta situación cambió con el desarrollo defensivo del margen occidental en el siglo XVIII. A buen seguro esto sería una motivación para defensores y atacantes. Los primeros por poder, ahora, destinar más recursos a esta zona menos protegida, los segundos por buscar puntos débiles en la defensa de la plaza. La solución que se dió fue la construcción de baterías como la de Santa Ana Acasamatada -esta primero como fortín- en la costa oriental de la bocana, una zona de fácil desembarco. 


Con el avance militar, décadas después se empezó a pensar en la posibilidad de ver rebasadas estas defensas en caso de un ataque contundente. Entonces se empezó a proponer la construcción de nuestro castillo. El Plan O'Donell de 1860 contemplaba la facilidad con la que un enemigo podría tomar la posición sin el castillo. En este caso podrían ser utilizadas contra la ciudad algunas de las baterías de costa, así como la propia cima. Pero con una fortificación sólida en la altura se podría retener y frustrar los planes enemigos.


Imagen 3. Rubén Sánchez (2013) Castillo de San Julián
Cartagena.

Esto nos lleva a enlazar la siguiente cuestión, que es la función para albergar tropas regularmente. En el Informe Medina de 1860 se comentaba mantener hasta 800 soldados de forma permanente en la construcción. Hoy día es una cantidad muy importante de soldados, pero en el siglo XIX lo era notablemente más. ¿Por que tantos soldados? Pues para garantizar la defensa de este enclave estratégico, y para apoyar activa y decisivamente a las defensas de costa. 

Una fortaleza capaz de dar cabida a cientos de soldados permitiría la existencia de un punto avanzado en la defensa, con la capacidad suficiente como para lidiar con cualquier ataque enemigo que pudiera darse en margen oriental de la ciudad. Así mismo sería capaz de defenderse de un asalto enemigo, pudiendo destinar soldados tanto al combate "cuerpo a cuerpo" como al uso de los cañones. 


Atendiendo a la estrategia militar, es de primer orden el establecimiento de un puesto con esta capacidad de infantería. Algo básico en la defensa: abundantes soldados.


En cuanto a la defensa de Santa Lucía, así como su control territorial, eran unas necesidades inmediatas en el siglo XIX. En el crecimiento exponencial de la ciudad de Cartagena desde hacía siglos (sin mencionar la crisis de inicios del siglo XIX) se habían construido barrios y zonas residenciales fuera de la estructura de defensa, en especial fuera de los muros. 

Vista de Cartagena desde el San Julián, donde destacamos la proximidad de Santa Lucía. Original de Peñalver, A (sin fecha).
https://www.pinterest.cl/pin/460141286919157791/?lp=true


Santa Lucía creció desde el siglo XVII, pero de forma limitada. A mediados del siglo XIX el barrio se convirtió en una zona de importante poder y prestigio, símbolo de esto su experiencia fallida como municipio propio entre 1842-1843. En la actualidad quedan registros arqueológicos en forma de viviendas de aquel siglo, que nos demuestran el poder económico de muchos habitantes del barrio. Es natural que este hecho impulsara junto con las demás necesidades la construcción de la fortaleza. Un camino que conecta directamente el barrio con la fortaleza demuestra también esta necesidad de defensa.

Esta misma situación comentada, un siglo antes hubiese supuesto la ampliación de la muralla -como se procedió entre 1771 y 1786. Pero en pleno siglo XIX esta construcción defensiva había quedado totalmente desfasada y testigo de la historia. Es muy probable además que muchas casas del propio barrio de Santa Lucía se construyeran con materiales robados a la muralla, como nos cuentan fuentes orales de la ciudad. 

Por otro lado, el apoyo a las baterías costeras del margen oriental fue siempre uno de los objetivos más deseados por los defensores de la construcción de la fortaleza. Los soldados apostados en la cima del monte podrían acudir rápidamente al socorro de las baterías existentes en las posiciones inferiores. Esta misión recorrería el camino antiguo por la ladera Oeste del monte y que conecta con Trincabotijas. Camino que además fue construido para el paso de vehículos ligeros y caballería para tal fin.

El apoyo artillero también es importante en este caso. Ya hemos visto en un artículo anterior que la batería de la fortaleza acabó teniendo un número importante de cañones, si bien no todos los que se proyectaron en un inicio. Es difícil pensar en un apoyo efectivo al ataque de buques enemigos situados en aguas profundas, aunque el desarrollo artillero del siglo XIX lo haría posible. Pero es más fácil pensar en un apoyo artillero desde el San Julián a las posibles batallas de tierra. Me imagino el fuerte de Santa Ana asaltado por tropas británicas bajo el fuego de los cañones del San Julián. Una imagen que por suerte no hemos podido ver.

Plano de Cartagena y sus defensas costeras en el siglo XX. En naranja la localización del San Julián en la parte superior central. Original de Aforca. Autor desconocido. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm

Por último, el importante el papel del San Julián en los planes de reforzamiento de las defensas de Cartagena lo hemos podido comprobar en el resto de puntos. La fortificación del San Julián era una necesidad desde todas las perspectivas en el siglo XIX e incluso podría decir que antes. Mantener los combates fuera del área urbana era uno de las principales tareas de la fortaleza en este sentido.

Esta construcción sigue el inevitable desarrollo histórico de los planes defensivos de la plaza fuerte, dotada de un arsenal y siendo base permanente de la flota mediterránea desde el siglo XVII: reforzar cada vez más la defensa, cubriendo los puntos débiles y reforzando los ya cubiertos constantemente. Una línea histórica quebrada tras la Segunda Guerra Mundial, con el comienzo del desmantelamiento de algunos elementos de la defensa. 

Con todos los datos aportados podemos concluir en que el castillo de San Julián era de una utilidad de importante orden. No obstante, esta utilidad estaba quedando desfasada incluso antes de construirse, debido al imparable avance de la tecnología y estrategia militar. 

Imágenes: 

Última entrada publicada:

Las TIC para enseñar y aprender Historia

Si, las posibilidades que tenemos en este sentido son casi ilimitadas, más teniendo en cuenta que la tecnología está en constante desarroll...

Entradas populares...