miércoles, 11 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: de la Guerra Cantonal a principios del siglo XX.

*Es recomendable leer los dos primeros artículos dedicados a la historia del San Julián. El primero podemos leerlo aquí y el segundo aquí.
Imagen 1. Interior de la fortaleza.
Tras el asedio de Cartagena de 1873-1874 el castillo de San Julián cumplió con éxito la única tarea de relevancia real que tendría en su historia como poderosa fortificación en servicio militar. En opinión de Guimaraens, y compartida por mí, parece que el castillo no debió de ser muy dañado durante la batalla, pues las menciones de las fuentes primarias en este sentido son muy escasas y breves. Sabemos que hubo obras de reparación de daños posteriormente, a buen seguro para reparar los daños que produciría la explosión accidental dentro de la fortificación que comentamos durante el asedio.

Obras de reparación y de construcción que se alargaron durante los años posteriores, pues ya sabemos que la construcción total de la fortaleza no acabó hasta 1888, como ya hemos comentado en un artículo previo. En junio de 1882 no obstante, se comunica al gobernador militar de Cartagena la conclusión de las obras y la instalación definitiva de la artillería de 210 mm, posterior a una instalada con anterioridad de 150 mm. Es posible que esta conclusión fuese sólo de lo necesario para poder instalar las baterías para su uso ordinario. También es posible que hubiese que reparar la fortificación tras la insurrección republicana de 1886, y por ello la Historiografía no de por concluida la construcción hasta el 88. Por otro lado, también es posible que estas obras se alarguen en un intento de readaptar el castillo a los nuevos tiempos militares. En cualquier caso, vamos a hablar de esta insurrección del 86, donde el San Julián tuvo un papel destacado.

Imagen 2. Plano del San Julián. Agoviz (Gómez Vizcaíno)

Insurrección de 1886:

Hemos podido ver ya a lo largo de los artículos de este blog el carácter combativo e insurrecto de la ciudad de Cartagena a lo largo del siglo XIX, apoyando siempre los movimientos progresistas. Tras la caída de la Primera República en 1874, en la ciudad había sobrevivido un apoyo fiel al republicanismo, que podemos ver en las siguientes décadas. Así, en la noche del 9 al 10 de enero de 1886, un grupo de soldados alzados tomaron el castillo por sorpresa. Era una acción llevada a cabo por la Asociación Republicana Militar, una organización clandestina que estaba investigada por el gobierno y los militares, pero que tuvo la ocasión de realizar varias insurrecciones como esta.

Imagen 3. La fortaleza vista desde la entrada marítima a
Escombreras. Núñez Sánchez.
Una de las cabezas visibles de esta insurrección fue Antonete Gálvez, uno de los líderes de la Rebelión Cantonal. Le fue ofrecido el puesto tras años de inactividad tras ser amnistiado de la pena de muerte impuesta en 1876. Su presencia fue mayormente simbólica.





El general a cargo de la plaza era un Fajardo, el cuál intentó establecer una solución pacífica a la insurrección. Primero se hicieron unas salvas de fusilería y un disparo de cañón a modo de advertencia que no fue respondida. Tras ello, se dirigió hacia la fortaleza el general con miembros de la Guardia Civil y fuerzas militares que habrían de tomar la construcción si fuera necesario. Al acercarse fueron todos recibidos hostilmente. De nada sirvieron las intenciones y amenazas del general, que acabó herido y tuvo que ser conducido a la ciudad en estado muy grave.

Pese a lo que podía parecer una victoria inicial -la caída del general al mando- los sublevados del San Julián pronto pudieron comprobar que nadie en la ciudad les secundaba. Viéndose solos y acorralados, aprovecharon la confusión de las tropas leales tras la retirada de su general para salir de la fortaleza y huir por mar en un buque mercante hasta Orán. Me resulta interesante imaginar las caras de los soldados cuando descubrieron que en el San Julián no quedaba nadie y todos habían huido prácticamente delante de ellos.

Imagen 4. Foto de Cartagena a finales del siglo XIX.
Obtenida por Cornell University Library.

Este es probablemente el último hecho acontecido en el San Julián por una alta valoración de su función militar estratégica -y ni siquiera había terminado su construcción-. No es casualidad que se eligiera esta fortificación, que ya mantuvo a raya a los enemigos centralistas en 1873-74, por lo que se veía como inexpugnable. Pero al igual que en enero de 1874, se necesita algo más que controlar las alturas para ganar la batalla. Por otro lado, la toma por sorpresa de la fortificación es algo que nos hace saltar las alarmas. Como apunta Guimaraens, además de una buena fortificación, se necesita en ella personal adecuado y suficiente para defenderla con eficacia, demostrado con este hecho.

Inicio de la decandencia:

Imagen 5. Cañón Krupp, posiblemente de mitad del siglo
XIX debido a sus escasas dimensiones comparadas
con otros más modernos. Giordanengo.
Desde 1871 el panorama internacional está viviendo la denominada Paz Armada, finalizada en 1914, una carrera armamentística entre las grandes potencias del mundo. Si hasta el momento el avance militar estaba siendo exponencial, este desarrollo rompe los límites del avance de la tecnología bélica, convirtiendo en desfasado lo que hace pocos años era la vanguardia militar. 

En pocos años las armas crecen de forma inimaginable, obligando a readaptar construcciones, instruir soldados, construir nuevos buques de guerra e instalaciones militares, usar nuevos y mejores materiales, etc. España no puede seguir esta carrera, pero a remolque de las superpotencias también empieza a mejorar sensiblemente sus defensas. Las miradas comienzan a centrarse en el poder de la artillería, que es tan fuerte ya que ninguna fortificación puede oponerse a ella. Es el fin de la fortificación abaluartada como hablamos en otro artículo, y por lo tanto, el fin de la vida realmente útil del San Julián, incluso antes de terminar su construcción.

Voladura accidental del San Julián:

Hasta 1898 no volvemos a tener algún acontecimiento de relevancia en la ubicación. En este caso no hablamos de una batalla ni de una insurrección, sino de una explosión accidental dentro de la construcción. La ciudad de Cartagena está más calmada y los ánimos revolucionarios de todo el siglo están algo más apagados. Lo que sucedía en este año era la Guerra Hispano-estadounidense, librada en ese año. Cartagena, como base de la flota y manteniendo el arsenal, se encontraba en estado de alerta ante un posible- y en mi opinión, muy poco probable- ataque estadounidense, así como posibles acciones de sabotaje de espías enemigos.

La declaración de guerra de Estados Unidos se hizo efectiva el 25 de abril. Tras esta, la ciudad de Cartagena comenzó una gran actividad para aprovisionar el esfuerzo de guerra y preparar sus defensas. Se repararon fortificaciones y se dispuso una labor de puesta a punto de las comunicaciones, armas y municiones. En este proceso -repaso del estado de las boquillas de los proyectiles almacenados- sucedió la explosión del polvorín del San Julián, sucedida a medio día del 20 de mayo, pudiendo escucharse por toda la ciudad. Explosionó el almacén de proyectiles de 150 mm y el taller de carga de al lado. En total, 13 toneladas de pólvora hicieron explosión. Podemos ver imágenes esclarecedoras del suceso en este PDF.

En el suceso murieron 11 personas y 62 quedaron heridas, afectando probablemente a todo aquel que se encontrara dentro de la fortificación en ese momento, pues la explosión debió ser cuanto menos, muy dura. De hecho, las crónicas del acontecimiento cuentan que llegaron escombros producto de la explosión a la batería de Trincabotijas, que se encontraba en proceso de reparación, y allí hirió a algunos obreros. La explosión fue tal que redujo a estado de ruina los dos baluartes de la zona Este. Las fotos que se conservan del hecho dejan ver un estado de destrucción que ningún bombardeo hubiese podido conseguir sin una permanencia en el tiempo alargada. También se dejó inoperativa la red de telegrafía con la que se comunicaba la ciudad.


Imagen 6. Interior del San Julián.

Paso a segundo plano en el siglo XX:

En los primeros años del siglo XX se amplía y mejora el camino para llegar al San Julián. La obra y su presupuesto fueron aprobados oficialmente en el 1900, terminándose esta en 1904 con la eliminación de obstáculos y la reducción de pendiente. El objetivo de fondo de esta obra era adecuar el camino a los nuevos tiempos, con la proliferación de vehículos y armas cada vez más grandes, pero especialmente para la construcción de una nueva batería al lado de nuestro castillo, que pudiera albergar mejores armas.

Y es que, como hemos comentado, la situación de la estrategia militar había dado un vuelco incluso antes de entrar el nuevo siglo. Uno de los grandes ejemplos de este cambio en Cartagena fue el derribo de gran parte de la muralla de Carlos III en el 1900, y la celebración de este hecho por parte de la población civil.  

Imagen 7. Batería del General Ordóñez.
Así, poco a poco el San Julián estaba siendo abandonado de sus funciones militares directas, hasta que en 1909 se construyó la batería General Ordóñez. A partir de este momento, las funciones de artillería serían cedidas a este, mientras que la fortaleza quedaría relegada a un papel de apoyo logístico a la batería.

La instalación de la primera antena de comunicaciones dentro de los muros del San Julián en el mismo año 1909 confirmó lo que venimos comentando. Además, la introducción del avión militar en estos años, con capacidad para bombardear objetivos complicados para la artillería fue también un elemento clave en este proceso. La fortaleza comenzó un camino agónico desde un pilar fortificado de la defensa de la ciudad hacia ser un edificio militar más, que serviría tan sólo como punto de almacenaje de alimentos, agua y municiones, así como de estancia para los soldados del General Ordóñez. Una función que ya tenía y que a lo largo del primer tercio del siglo XX va a desarrollar es la de prisión militar, de lo que hablaremos en un próximo artículo.

*Actualización: el último artículo sobre la historia del San Julián podemos verlo ya en esta dirección


Fuentes:

  • Cañabate Navarro, E (1967) Cartagena y sus antiguas defensas muradas. Athenas Ediciones. Cartagena. Colección Almarjal. Págs: 30-31.
  • Desconocido (2004) Patrimonio. Arquitectura militar en Cartagena. Edad Comtemporánea. Siglo XX. Aforca. http://www.aforca.org/siglo_xx.htm
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 588-589
  • Rolandi Sánchez-Solís, M (2009) La voladura accidental del castillo de San Julián de Cartagena en mayo de 1898. Cartagena Histórica Nº 32.  Págs: 4-13.
  • Salmerón Giménez, F J () Antonete Gálvez y las sublevaciones republicanas de Murcia y Cartagena. Revista C.E.H. Fray Pascual Salmerón. 


Imágenes:

sábado, 7 de diciembre de 2019

Visitando el San Julián: la torre, el vigía con frío y la puerta del mar.

*Es recomendable para leer este artículo haber leído su predecesor, al que se puede acceder en este enlace.

Imagen 1. Comenzamos este artículo con la foto con la que acabamos el último,
a fin de retomar lo que estábamos comentando.

Una vez dentro de la fortificación, me sorprendió la sencillez de la construcción: un rectángulo imperfecto de instalaciones rodeando un patio interno de grandes dimensiones. Desde dentro nos puede recordar a las fortificaciones medievales, lo cuál es algo normal, pues sabemos que estas fortificaciones modernas son herederas de aquellas. En mi mente se refuerza en esta entrada la duda de por que oficialmente se le denomina castillo, cuando debería ser fortificación o fortaleza. Realizaré una pequeña investigación al respecto y escribiré un artículo con las conclusiones.


Imagen 2. Vista de la puerta de acceso Este -rojo- y la entrada
original (morado). 
Me llama la atención la ubicación de esta entrada dentro de la fortificación. Pues el túnel de entrada desemboca en una esquina, cuando en las imágenes históricas de esta, se ve en medio del lienzo este del patio -zona sombreada de morado en la imagen 3, donde vemos el tapiado de la puerta original-. A su vez, la disposición de la entrada en el exterior, que no pudo ser movida, nos hace pensar que esta entrada llegaba a una sala cuya función podría ser recepción y seguridad, dado que por aquí entrarían y saldrían la mayoría de soldados y obreros.

Imagen 3. Vista más detallada de la torre circular.

Sobre la torre circular que vemos al fondo, se puede escribir mucho sólo con investigarla visualmente. Mas allá de coronar la fortificación, parece incluida en el proyecto final como la pieza clave de un sistema jerárquico dentro de la construcción. Desde la torre se puede controlar toda la fortaleza. Quizá sea casualidad, pues pocas opciones más existían para construir la fortificación de manera que la torre quedara en otro lugar dentro. Lo que evidentemente no fue casualidad fue su emplazamiento a la hora de su construcción, ya fuera en 1706 o 1812, en el borde de la cima, en una posición de dominio territorial total la cuál, como llevo machacando hasta ahora, heredó la nueva fortificación.

La torre, realizada en mampostería, es claramente anterior al resto de la fortificación, por estas razones:

Imagen 4. Puerta de acceso desde la
entrada Oeste.
  • Presenta un sistema constructivo mucho menos elaborado, lo cuál también nos puede indicar su realización a prisa, lo que casa con la idea de que su construcción, en cualquiera de las dos fechas propuestas, fue realizada en un contexto bélico, y por lo tanto, lo más rápido posible. Ampliando la imagen 4 podemos ver la diferencia constructiva entre la torre y el resto de la fortificación.
  • Presenta reparaciones o añadidos en su fachada, los cuáles todos tienen una técnica más depurada, y lo más importante, más similar al resto de la construcción. Esta diferencia es palpable entre el pie y el trozo más alto de la torre.

Imagen 5. Puerta colocada a media altura de la torre, en
dirección Este y con un marco enlucido en cemento sobre la
propia fachada de mampostería, siendo un poco confusa.
Probablemente esta torre se pueda convertir en un pequeño quebradero de cabeza para un arqueólogo. Digo esto debido a que presenta una mampostería de aparejo regular e irregular, así como zonas concretas que parecen reparadas en ladrillo. Por otro lado tenemos puertas de hierro con arcos enlucidos en hormigón -imagen 5-, y una amplia gama de estructuras negativas -agujeros- y pequeñas estructuras colocadas por buena parte de la torre para aguardar las antenas de comunicación que alberga. Probablemente existan más cuestiones relacionadas, pero no soy arqueólogo ni mucho menos, y por eso ni puedo ver más allá de lo descrito, ni me atrevo a realizar más conclusiones que las que he expuesto.

Imagen 6. Parte alta de la torre, coronada por multitud de antenas y
"decorada" por cables que cuelgan de ella hacia el exterior.

En el margen Norte de dicha torre, una escalera nos conduce al baluarte Suroccidental dominado por más antenas. Como curiosidad, mi padre se dio cuenta de la ausencia de anclajes y vientos para estas, lo cuál nos llevó a deducir que sus cimientos, así como las propias torres y anclajes de las antenas debían ser muy fuertes, por los vientos que tienen que soportar en condiciones extremas.

Imagen 7. Baluarte Suroccidental y sus torres para albergar antenas.

Volviendo al baluarte en sí, como es evidente, no era nada especial: una zona más bien cuadrangular, con las bases para los cañones conservadas no muy bien, y una fila de aspilleras en cada lado que apuntaba al exterior. Lo que hace especial y más complejo este baluarte es su disposición junto a la entrada Oeste de la fortaleza, la principal. Entrada situada en otro pequeño baluarte justo al lado de este, situándose la torre en medio de los dos, controlando de alguna manera también el acceso.


Imagen 8. Puesto vigía.
Otro elemento que diferencia este baluarte es la disposición de un pequeño puesto de vigía en su esquina Suroccidental. Una pequeña caseta de vigilancia realizada en ladrillo donde a buen seguro mediante rondas siempre habría un soldado vigilando el mar en busca de buques. Nos llama la atención desde fuera del puesto la existencia de marcas de cemento que indican la presencia de un cristal o algún tipo de protección en las ranuras de observación -imagen 8-. Y es que es normal que se intentara proteger al vigía del viento, pues a altas horas de madrugada, el frío debe ser muy intenso.

Imagen 9. Camino hacia la entrada Oeste en forma de S (abajo derecha) y vista de la
fortificación "atenazada" entre los dos baluartes que cubren la puerta.
Imagen 10. Puerta de entrada Oeste, entre un bosque de aspilleras en disposición atenazada.
Daniel-Tordo12.

Volviendo a la puerta de acceso, esta se encuentra de forma diferente a la Este. Le precede a la puerta un camino totalmente en “S” bajo el dominio de las aspilleras de los dos baluartes que tiene encima. Además de pensar en el alivio de no haber subido por ese camino en nuestra visita a Trincabotijas -la puerta se encuentra cerrada y el puente levadizo que permitía el cruce del foso ya no existe- nos imaginamos un asalto casi imposible a esta entrada.

Estos dos baluartes controlan completamente la costa desde el puerto de Escombreras hasta la bocana más interior del puerto. La existencia del puesto de vigía en esta zona refuerza la idea de esta importancia estratégica. Además, vemos con claridad en esta zona concreta la disposición abaluartada con las esquinas de la fortificación apuntando hacia el frente principal, que sería la zona marítima cercana al puerto.

Imagen 11. Mejor vista del camino de acceso Oeste, salvando la importante pendiente.

Algunas fuentes interpretan esta defensa concreta como un conjunto “atenazado”, diferenciándolo del simple abaluartamiento, explicando que el San Julián tiene varios estilos diferentes. No les falta razón, pero hay que puntualizar que el sistema atenazado que rodea o “atenaza” la entrada Oeste es parte de los sistemas de abaluartamiento, cuyo amplio desarrollo histórico y geográfico produjo multitud de subtipos. Es cierto que, como se apunta en la web de Aforca, el San Julián tiene tres tipos de baluartes: poligonal -la zona Este-, atenazado -la puerta Oeste-, y perteneciente a la Escuela Española afrancesada los demás frentes. Además, todos son irregulares.

Imagen 12. Patio de la entrada Oeste.
En cuanto a la zona de la entrada, parece que esta prediseñada también para amortiguar un ataque enemigo que consiga cruzar la puerta. Hemos visto el patio principal que configura la fortificación, pero esta entrada Oeste nos lleva hacia un patio más pequeño, rodeado por el pasillo de los baluartes, los cuáles tienen un pequeño murete suficiente para protegerse mientras se combate a un atacante que se encuentra en el patio -imagen 12-. La torre además tiene dos ventanas que comunican directamente con esta zona. Muy probablemente existan al menos los huecos desde su construcción, pues miran en dirección al mar igual que el puesto de vigía moderno, pero no parecen pensados en origen para ayudar en esta segunda línea de defensa.


Imagen 13. Vista Occidental de la torre cilíndrica.
La disposición del posterior muro de la fortificación del siglo XIX, que se apoya en la torre a centímetros de estas ventanas dejando el hueco justo y necesario para que estas conecten con esta ventana -imagen 13-, hacen pensar que en los planes de 1860 esta torre debería jugar un papel relevante a la hora de defender un asalto dentro de la construcción. Esta idea se refuerza además con la existencia de una puerta amplia al otro lado de la torre, que ejerce una posición dominante sobre el patio principal. Aunque no está claro de que época puede datar.

Imagen 14. Accesos al aljibe.
En el patio central, cerca de la torre y bajo las escaleras que hemos mencionado, se encuentra el acceso a la gran reserva de agua de la que disponía la fortificación. Gómez Vizcaíno nos cuenta que este es un aljibe en cruz, de 432 metros cúbicos, lo cuál representa un aljibe de gran potencial de almacenamiento, con la ventaja de los ajibes en cruz, que no necesitan ningún refuerzo interno, pues son estrechos.

Dejamos temas por tratar, como su lamentable estado de conservación -dependiendo de la zona de la fortificación, lo cuál es de un interesante análisis- la disposición de los cañones o la preparación del terreno inmediatamente posterior a la fortificación para la disposición del foso. En la medida de lo posible todo esto será comentado. Sobre el estado de conservación si habrá un artículo completo en el futuro.

Imagen 15. Interior de la fortaleza mirando hacia el Este.
Recomiendo a todo aquel que tenga interés y posibilidad de hacerlo, que visite esta fortaleza, junto a todo sistema defensivo que sea visitable, llevando siempre la precaución necesaria al visitar estas zonas semiabandonadas. Despido este artículo con este enlace a la galería de mi cuenta de Flickr, con fotos y panorámicas muy interesantes del San Julián y alrededores. 

Fuentes:


Imágenes:

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Historias del San Julián: el asedio de Cartagena (1873-1874).


*Este es el segundo artículo de una serie dedicada al desarrollo histórico del Castillo. El primero podemos verlo en este enlace


Imagen 1. En la fuente original data este plano de finales de siglo XVIII, pero la disposición del San Julián
-abajo derecha- así como la representación de la batería General Ordóñez, aunque no nombrada, da
lugar a serias dudas. En cualquier caso, la defensa de Cartagena en 1873 era muy similar a lo que vemos aquí.
Es una decisión un poco controvertida, debido al marco en el que estoy realizando las entradas del blog, el hecho de escribir un artículo sobre un hito en concreto, pero merece la pena. La actuación del castillo de San Julián en la defensa de Cartagena durante el asedio de 1873-1874 es determinante, tanto para el desarrollo de este momento histórico, como para comprender definitivamente los porqués de esta construcción. Y por supuesto, personalmente considero de gran interés este momento para el castillo, probablemente el momento más importante de su “vida”, por todo lo que vamos a ver a continuación.


Imagen 2. Frente de Sierra Gorda - Mar Menor.
El San Julián se construyó pensando principalmente en la defensa marítima contra un enemigo extranjero, probablemente inglés, pero acabó por estrenarse antes de terminar su construcción definitiva, ante un enemigo que estaba “en casa” y que además atacaba por tierra. No digo, no obstante, que los ingenieros que lo planearon no pensaban en la opción de un ataque terrestre, por que entraría en contradicción con mis propios artículos anteriores. Mi apunte aquí es sobre la ironía que produce el hecho de que la Monarquía, y después el Estado Central construyeran las fortificaciones de Cartagena que luego les impedirían sofocar sus rebeliones con mayor efectividad.

Hubo que esperar casi tres décadas desde el pronunciamiento de 1844 para volver a ver acontecimientos de gran relevancia en la ciudad de Cartagena, que además afectaron a la fortificación de San Julián -muy desarrollado el proceso de construcción del definitivo emplazamiento-. Hablamos de la Rebelión Cantonal, ocurrida en 1873-1874. La ciudad fue uno de los puntos claves de esta rebelión que alcanzó la cota de nacional, además de liderar junto con Murcia el Cantón de Cartagena o Cantón Murciano y ser la última ciudad de las alzadas en rendirse a los centralistas. Durante la rebelión, el San Julián fue rebautizado como Froilán Carvajal, considerado mártir del federalismo español, condenado a muerte en 1869. 

Imagen 3. Vista actual del interior de la fortaleza.
Su disposición debía ser esta o muy similar en 1873.

La rebelión pronto fue doblegada, y pese a encontrarse en una marcha decidida hacia Madrid, las tropas del Cantón de Cartagena tuvieron que replegarse de sus posiciones en la provincia de Albacete debido a la caída de sus aliados. Muy pronto Cartagena se vió sitiada por tercera vez en lo que iba de siglo. Sabemos que en estos momentos, el San Julián -o el Carvajal- fue tomado en consideración por las tropas centralistas, ya que en estos años se podía ver como una potente posición abaluartada y artillada. Así, en la disposición de las baterías asediantes, la denominada Nº 3, situada cerca de una zona llamada Hacienda el Ferrol, y con un punto de observación avanzado en Roche Alto, se dispuso enterrada para poder defenderse del fuego desde nuestra fortaleza. Esto se realiza en lo comentado en posts anteriores, sobre la importancia de la colina para cualquier atacante de la ciudad, desde la que poder dirigir importantes ofensivas, así como control territorial y artillero.

Imagen 4. Cortina Norte del San Julián. Esta zona de la
fortaleza debió de ser la más activa junto con la Oriental.
Las fuentes difieren entre el 27 o 28 de noviembre -segundo o tercer día de asedio total- como fecha en la que el gobernador de la fortaleza murió a causa de la explosión de uno de los cañones. Este hecho no fue determinante en la batalla, pero muestra el mal estado de las defensas de la ciudad. Sin embargo el San Julián cumplió las expectativas militares, resistiendo todas las semanas de sitio de la ciudad. Aquí vemos que la fortaleza cumple con rotundidad uno de los principales objetivos por los que fue construida: alejar el fuego de artillería, así como los combates, de la propia ciudad. Una tarea que en conjunto con el castillo de Galeras se realizó con gran éxito. 

De esta manera, en los planes del ejército centralista siempre tuvo el San Julián un alto valor, ya fuera como objetivo de conquista, o como simple ataque de distracción como propuso el General Ceballos en octubre de 1873. Un plan que por cierto no pudo llevarse a cabo debido a la gran cantidad de soldados que requería. Esto no es más que una nueva muestra de la efectividad de la fortaleza. Efectividad demostrada también con el apoyo de sus cañones a los ataques de los federales en las afueras de la ciudad. El hecho más destacado de estos ataques fue el del 30 de noviembre, cuando la toma de zonas alrededor del San Julián fue apoyada por este y El Calvario, que actuaba de soporte del San Julián. Esto a su vez provocó el redoble de esfuerzos centralistas en el ataque y la intención de tomar la fortaleza. 

Imagen 5. Vista del frente de Escombreras - Sierra Gorda desde el baluarte Nororiental del San Julián.
En la parte superior central vemos la ermita del monte El Calvario. A la derecha del monte, el
valle de Escombreras. 

Pese a los grandes esfuerzos de los defensores y los errores iniciales de los atacantes, era imposible que Cartagena resistiera el asedio por mucho más tiempo. A lo largo de diciembre, el ejército centralista tomó grandes esfuerzos en avanzar por el frente de Escombreras, poniendo en riesgo la posición del San Julián como en 1844, pero esta vez de forma más organizada: se construyó en la zona la batería sitiadora Nº 9, bajo las dificultades que les impuso el fuego de el "Carvajal" y el Calvario. La intención del ejército centralista durante un breve periodo de tiempo fue conquistar San Julián o Atalaya, convencidos de que así dominarían la ciudad y conseguirían una rápida rendiciónLas guarniciones de los principales castillos de la ciudad izaron banderas negras en un día de diciembre que desconocemos, aceptando la futura derrota, pero mostrando su interés por resistir hasta el final. 

Imagen 6. Base para operar un cañón en la
cortina Norte del San Julián.
El 2 de enero, El Calvario -principal apoyo de nuestra fortaleza- cayó en manos enemigas definitivamente -ya fue objeto de una "razia" el 31 de diciembre-. La defensa del San Julián se conoce como una de las más decididas, desplegando sobre las nuevas posiciones centralistas un gran fuego de metralla, pero que no consigue detener los esfuerzos por comenzar un nuevo asedio desde ese enclave el 3 de enero. La situación de la fortaleza era ya muy comprometida, pero su guarnición mantenía una férrea defensa y un duro castigo artillero sobre las posiciones enemigas. El 9 de enero se intentó, con apoyo de nuestra fortaleza, la reconquista del Calvario, sin éxito. 

Dos días más tarde, bajo condiciones poco esclarecidas, se rindió el Castillo de la Atalaya, comprometiendo muy seriamente la defensa de Cartagena, la cuál se apoyaba directamente en estos castillos. Finalmente, el 12 de enero la ciudad se rindió y las tropas centralistas comenzaron su ocupación. El San Julián es ocupado un día más tarde. 

Como anécdota, parece que en el momento de la ocupación centralista de la fortaleza, se encontraron misivas que solicitaban al gobierno de Estados Unidos de América la inclusión de Cartagena como un nuevo estado de la unión a cambio de protección militar. Estos supuestos originales se perdieron, por lo que probablemente nunca podremos saber a ciencia cierta si esto ocurrió realmente. Y como curiosidad, dicho sea de paso, en este enlace podemos ver una interesantísima ilustración francesa de 1874 sobre el asedio.


Imagen 7. A la izquierda podemos observar el San Julián en lo alto de su monte, viendo su avanzado
estado de construcción en 1873. Font i Vidal, J (sin fecha) Combate naval de
Cartagena (11 de octubre de 1873)

Este asedio fue la prueba, así como el "bautismo de fuego" de la fortaleza, que demostró sobradamente su capacidad y el acierto de su construcción. No solo no fue tomada, sino que resistió con gran efectividad los envites que el ejército centralista realizaba por casi cualquier dirección, y su fuego puso en peligro a cualquier centralista que se acercara a la zona. Por lo que hablan las fuentes primarias de aquellos años, parece además que la construcción sufrió pocos daños y bajas, seguramente debido a su gran altura respecto a las zonas de alrededor. Esto dificultaría mucho el alcance de la artillería enemiga, por eso la necesidad gubernamental de tomar El Calvario.

No podemos negar el importantísimo papel de este castillo y que sin duda justificó su construcción. Pérez Crespo comenta que tanto el San Julián como el Atalaya eran imposibles de conquistar siempre y cuando tuvieran una guarnición decidida a la defensa, debido a las condiciones geográficas de sus ubicaciones, así como de acceso. El asedio debería haber durado más para demostrar totalmente esta tesis, sin embargo es cierto que este frente -podríamos denominarlo frente exterior o de los castillos- no se derrumbó hasta la rendición unilateral de Atalaya, cuando el frente Norte de la ciudad ya se había derrumbado hasta el punto de que los barrios de Dolores y San Antón estaban en manos centralistas.

*Actualización: la siguiente entrada sobre la historia del San Julián hasta inicios del siglo XX podemos verla ya aquí.


Fuentes:

  • Guillermo Guimaraens Igual (2007). El último hálito de la fortificación abaluartada. El fuerte de San Julián de Cartagena. Universidad de Valencia.
  • Iniesta Sanmartín, A & Martínez López, J. A (coords) (sin fecha) Estudio y catalogación de las defensas de Cartagena y su bahía. Servicio de patrimonio histórico. Págs 588-589.
  • Ros McDonnell, D. R & Jiménez Meca M. J. González Avilés, A. B (ed) (2017) El castillo de San Julián de Cartagena. Defensive Architecture of the Mediterranean. XV to XVIII centuries. Vol VI. Págs 199-206.
  • Pérez Crespo, A (1990) El cantón murciano. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia. http://www.cervantesvirtual.com/obra/el-canton-murciano--0/
  • Molina Molina, A. L (2008) Cartagena y su término: de la Edad Media al siglo XIX. Estudios sobre desarrollo regional. 


Imágenes:
*El resto de imágenes son de autoría propia y de uso libre

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